INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

Amelia Chávez. Construir cultura, construir comunidad

Originaria de León, Guanajuato, Amelia se presenta como una mujer sin pretensiones; es esposa, madre, abuela y, sencillamente, una enamorada del arte, camino por el cual la vida decidió llevarla para asentar, en colectivo, bases importantes de espacios representativos del arte visual en la ciudad.
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Edgar Aguirre

Gran parte de su vida se desarrolló a pocos pasos —y en el interior— del Teatro Manuel Doblado. Después de que naciera en León, su madre se fue con ella a la ciudad de Romita, donde su padre, quien realizaba su servicio social como médico, les esperaba. Un par de años más tarde regresaron a nuestra ciudad, instalándose en una casa ubicada a algunos metros de distancia del teatro, donde pasaría el resto de su niñez y adolescencia en compañía de sus cinco hermanos y hermanas menores, con quienes mantiene una buena relación y cercanía.

“La mayor parte del tiempo que viví ahí, el teatro estuvo abandonado. Ahorita me acordé de algo: nos subíamos a la azotea, mis hermanos y yo —entiéndase los cuatro mayores, dos mujeres y luego dos hombres—, y nos íbamos por las azoteas, claro que sin permiso; a veces caminábamos por espacios que pudieran haber tenido unos 40 centímetros, a veces nos sentábamos e íbamos avanzando y nos veníamos hasta acá. Cuando el teatro reactiva su función yo ya no era tan chica, pero sí lo veíamos como algo que estaba ahí abandonado y que nos llamaba mucho la atención.

Yo creo que tuve una buena infancia, era muy traviesa, muy inquieta, mucho. Toda la vida traía abierta la ceja, la barba, y sigo siendo; bueno, ya no soy tan inquieta, ya a estas alturas mal me vería, pero sí, fui una persona que me moví mucho en la vida”.

Amelia se casó a los 20 años, dejando así su hogar de toda la vida. A los 21 y a los 23 tuvo a sus dos hijos: Marco Alejandro y Erika, respectivamente. Hoy es abuela de cuatro nietos y, después de sus segundas nupcias, se encuentra feliz al lado de Rubén Sepúlveda, su esposo, con quien este año cumplirá 25 años de matrimonio.

La música académica y la literatura fueron sus referencias del arte cuando era pequeña, pues la escucha y la lectura eran actividades cotidianas para sus padres. Sin embargo, su acercamiento a las manifestaciones artísticas vendría mucho después. Se formó inicial y formalmente como secretaria bilingüe, “mal elegido, muy mal elegido”, pues asegura nunca haber sido buena con el idioma; aunque su labor en dicha área transcurrió favorablemente. Previo a ello, su interés estaba dirigido a la arqueología o la psiquiatría, lo cual no sucedió por negativas de su propio padre, “todavía no era lo que después terminé siendo, una mujer mucho más valiente para defender lo que yo quería”, confiesa.

A lo largo de mucho tiempo tomó un curso con el Arq. Carlos Flores Montúfar, también catedrático en temas de pintura, escultura y música, preparación y sensibilización que dio pie a una nueva etapa en la vida de Amelia, quien, a los 38 años, decidió involucrarse de lleno en el área a la que dedicaría sus próximos años, titulándose entonces como licenciada en Historia del Arte.

Hasta hoy, se encuentra totalmente convencida de haber tomado la mejor decisión. Su desarrollo profesional encontró cauce al realizar su servicio social en el Instituto Cultural de León, con Alicia Escobar como directora; su dedicación, conocimiento y organización le valieron para convertirse en la primera coordinadora de la Galería Jesús Gallardo, espacio que este año cumple su 25 aniversario.

“Me encontré un gran reto, pero también una gran satisfacción. Un espacio como no había en León. Había museos, sí, pero era la oportunidad de estar al frente de uno de los espacios más importantes en su momento y hasta hoy todavía; también era la posibilidad de tener obra importante, colecciones importantes (...) Siempre me encontré con personas que aunque sabían que yo no tenía la experiencia, confiaron en mí”.

Su trabajo dio de qué hablar, siempre para bien, pues aún estando en la Galería fue invitada a coordinar la Biblioteca Central Estatal Wigberto Jiménez Moreno, donde estuvo alrededor de siete meses, dando paso a su labor como directora del Museo de Arte e Historia de Guanajuato (MAHG), siendo parte del proyecto por poco más de 12 años, desde su planeación, ejecución, operación y consolidación.

La evolución del arte y la cultura en la ciudad ha sido parte de su propia evolución, pero en su experiencia, el trabajo cultural no es un esfuerzo individual, sino colectivo. Amelia atesora innumerables vivencias, se emociona al saber más grandes los espacios donde colaboró, destacando y valorando, por sobre todo, a las personas que, hombro con hombro, trabajaron por un bien para toda la ciudad. Al recordar su trayectoria, no habla de cifras ni de grandes proyectos; habla de personas.

“Yo tenía gente muy, muy capaz. Y aquí todos éramos todólogos porque éramos tan poquitos que, entonces, el que era guía, si era necesario, se ponía de custodio; si no llegaba un custodio, pues hasta yo llegué a custodiar las salas. Pero yo creo que esa disposición de toda la gente era porque todos nos sentíamos muy orgullosos de pertenecer a este espacio, a esta institución. Tengo muy lindos recuerdos al respecto, pero mi personal es uno de los más importantes”.

Para Amelia, uno de los mayores retos de la difusión cultural ha sido acercar el arte a quienes creen que no tienen cabida en él. Su filosofía es clara: el arte no es algo que se deba entender con la razón, sino experimentar con los sentidos, y para ello insiste en la importancia de acercar a las nuevas generaciones desde la infancia, haciendo que el arte les sea familiar.

“La mayoría de las personas que no vienen es porque se atemorizan de hacer el ridículo. (...) Si tú no sabes absolutamente nada y si te acercas a una obra y no te dice absolutamente nada, pero entonces alguien te dice «bueno, ¿y los colores qué te dicen, a qué emoción te están acercando?», te aseguro que la mayoría te va a contestar, y lo mejor es que te va a contestar acertadamente.

No es explicar una obra, sino decirles que esa obra, cualquiera, te puede cimbrar. Yo he visto gente llorar delante de una obra. ¿A qué lo acercó?, no tengo idea. Que no es lo común, pero sí que la gente generalmente va y se queda prendado de una pieza o de otra.

Y eso sí, no hay piezas favoritas, puede haber piezas que socialmente son más reconocidas; pero a cada quien le mueve algo diferente porque cada quien tenemos una historia diferente”.

En diciembre de 2019, Amelia tomó la decisión de retirarse del mundo laboral formal y de las artes visuales, por decirlo de alguna manera; “sí me pegó”, declara con un dejo de melancolía, y es que, después de estos cinco años, esta charla con Alternativas representa su primer acercamiento con las manifestaciones culturales de manera más directa. “Yo creo que la nostalgia me va a dar siempre, pero, seguramente, ya podré tener nostalgia sin sentirme mal”.

Después de haber tenido jornadas activas de hasta más de 12 horas, hoy en día siente que no hace mucho, aunque sí lo haga. Ahora, la mayor parte de su tiempo lo dedica a ser abuela, una faceta que le satisface profundamente. “Estoy siendo más abuela, y como mis hijos trabajan, pues tengo servicio de taxi, «y llévame, y tráeme», pero eso ha hecho que sea muy cercana a mis nietos. Convivo mucho con ellos, con los cuatro, entonces eso es un lado lindo”.

Ahora también está aprendiendo a dibujar; un día a la semana toma una clase que le ayuda a desarrollar esa habilidad, “nada más que tengo un ojo muy exigente y una mano muy tonta”, nos cuenta divertida, y es que, evidentemente, dedicarse tanto tiempo al arte visual tiene sus consecuencias; “pero ya también me enseñé a decir «bueno, esto es lo que soy»”, puntualiza. Además, este espacio le ha permitido crear un nuevo grupo de amigas, con quienes comparte y disfruta.

Desde una posición más reflexiva, agradece cada experiencia, cada persona con la que trabajó y cada oportunidad que tuvo de aportar algo a la cultura. "Agradezco muchísimo que me hayan dado la oportunidad de estar aquí, de que hayan considerado que yo puedo aportar algo. Me han permitido traer un cúmulo de recuerdos".

Su vida y experiencia son un recordatorio de que la cultura no sólo es un conjunto de eventos, exposiciones o presentaciones artísticas, más que eso, es una red de personas que, con esfuerzo, pasión y trabajo, la crean y sostienen. Amelia Chávez es, sin duda, una de esas personas que han dejado una huella en la historia cultural de León.

Edgar Aguirre Edgar Aguirre

Comunicador con experiencia en producción televisiva y desarrollo de contenidos sociales y culturales. Se ha desempeñado en áreas de Comunicación y RRPP en asociaciones civiles y empresariales. Aprendiz de poeta y músico.