Nélida Aviña Campos ha entregado tiempo, energía y cuidado a este espacio que está abierto a los demás con una intención muy clara: que quien cruce la puerta se sienta como en casa. Más allá de un proyecto gastronómico, es un lugar familiar, cálido, donde la estancia importa tanto como lo que se sirve en la mesa.
Loretta Café nació de esta idea que acompañó a Nélida desde muy joven. Siendo adolescente imaginó una cafetería como espacio de encuentro, y con los años esa intuición se fue nutriendo de experiencia. Su trayectoria en el área de servicio, principalmente en cafeterías, le permitió confirmar que no solo le gustaba la idea, sino también el trabajo cotidiano que implica sostener un proyecto así.
En el proceso, encontró una casa antigua en el Barrio Arriba, donde su creadora nació y creció, y donde también vivieron sus padres y abuelos. Una casa amplia, con jardín, que había permanecido sola durante años y que, poco a poco, fue limpiada, reparada y resignificada. “Parecía que todo se fue dando muy fácil”, recuerda, aunque detrás hubo meses de trabajo intenso y decisiones compartidas con Luis, su pareja, con quien hoy cohabita y coordina el proyecto integral de la casa.
“El día que abrimos estaba lloviendo desde temprano y pensé «vaya día para abrir». Pero luego lo abrazamos, porque el jardín se ve precioso cuando llueve y se antoja un cafecito o un chocolate caliente. Al final fue un día muy lindo, vinieron amigos y familia, hubo música en vivo y todo se fue acomodando de una manera muy bonita”.
Desde entonces, el espacio ha crecido de manera orgánica, tanto en su equipo como en la forma de habitarlo. Lo que comenzó con Nélida y su mamá, Arcelia, al frente del servicio y la cocina, hoy es un proyecto sostenido por un equipo pequeño, todas mujeres —Pita, Bianca, Paulina y Susana—, donde el cuidado, la colaboración y el compromiso colectivo son parte fundamental de la dinámica diaria. De manera especial, Nélida recuerda también el apoyo de Montse, quien fuera su jefa en otro momento; “ella también fue una persona muy importante para que esto fuera evolucionando”, destaca.
Así se fortalece el concepto de Loretta Café como casa compartida, pues ésta convive con Ilé Estudio, academia de danza y movimiento donde se practican disciplinas como capoeira, danza afro, bailes urbanos y contemporáneo, además de alojar talleres, eventos y actividades culturales. Esta convivencia ha hecho que muchas personas perciban el lugar como una casa cultural, algo que Nélida no rechaza, sino que abraza como parte natural del proyecto.
Esas mismas colaboraciones con artistas, talleristas, productores locales y proyectos independientes han ido formando una red viva que se activa constantemente. Talleres para infancias, círculos de cacao, encuentros de conversación, recorridos históricos por el barrio, bazares de arte y diseño, y cenas temáticas son sólo algunas de las actividades que han encontrado en Loretta Café un punto de partida.
“A mí me gusta contar Loretta como una casa colectiva. No es un proyecto que hayamos construido solo Luis y yo; ha estado muy presente mi mamá, mi papá, el equipo que se ha ido sumando y muchas personas que han aportado algo para que el espacio crezca”.
La oferta del café responde a esa misma filosofía. Este sitio no se define como un café de especialidad, aunque cuida con atención la calidad de lo que ofrece. El grano proviene de Chiapas, con tostado medio, trabajado con proveedores cercanos y de confianza. Hay productos que se han convertido en sello del lugar, como los panqués caseros elaborados por la mamá de Nélida o el chocolate oaxaqueño que llega directamente desde productores confiables. Su propuesta se centra en lo bien hecho, lo cercano y lo honesto.
Aunado a esta oferta, hay otros productos que habitan el espacio: cerámica, tazas, joyería con flores deshidratadas, ilustración, galletas artesanales y piezas de barro, casi todas provenientes de proyectos locales o de personas cercanas. El café se convierte así en un escaparate vivo de creaciones que dialogan con la identidad del lugar.
Mirando hacia el futuro, Loretta Café se proyecta como un espacio que sigue profundizando su relación con el barrio y las personas que lo rodean. Entre sus planes está diversificar la oferta en las tardes, incorporar nuevos platillos y bebidas —quizás degustar una pizza con una copa de vino—, y activar el jardín como un punto de encuentro distinto, donde no todo gire exclusivamente alrededor del café.
“Después de todo este tiempo tan movido, lo que quiero es seguir trabajando en comunidad y acercarme todavía más a la gente del barrio. Compartir el espacio, seguir habitándolo y darle nuevas oportunidades para que la gente lo disfrute”.
Si aún no has visitado este espacio, Loretta Café se ubica en Jardín Allende número 114, dentro del jardín del Barrio Arriba y a unos pasos de la parroquia. Sus horarios son de martes a viernes de 9:00 a 14:00 y de 16:30 a 21:30 horas; sábados y domingos de 9:00 a 14:20 horas. Importante considerar que los domingos, durante el mercadito del barrio, el acceso se realiza por la parte posterior de los puestos, como parte de esa convivencia cotidiana con la vida del lugar.
Más que una cafetería, Loretta es una casa habitada por muchas manos, ideas y afectos. Un espacio que se construye todos los días a partir del café, pero además desde el encuentro y la comunidad.
