INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

María de la Cruz Labarthe: guardiana de la memoria leonesa

Una vida dedicada a la historia y la investigación, sabiendo que conocer la tierra que pisamos es también reconocernos a nosotros mismos.
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Silvia Palacios
Entender cómo nos fuimos conformando como seres humanos, cuáles son nuestras relaciones con la naturaleza y con otros seres, además de cómo construimos la vida cotidiana, son algunas de las premisas bajo las cuales la maestra María de la Cruz Labarthe Ríos ha encaminado su trayectoria profesional como antropóloga, investigadora e historiadora.

Nacida en Ciudad de México pero radicada en León desde hace décadas, María de la Cruz Labarthe se ha convertido en un referente al indagar sobre la historia de la ciudad; una de sus publicaciones más conocidas es León entre dos inundaciones, pero su trabajo abarca más temas identitarios.

Al entablar conversación con ella es visible su sencillez y calidez, y no es para menos, ya que para ella es importante el sentido de humanidad. Siempre lo ha sido. Cuenta que cuando estaba en la preparatoria participó en el programa de campos de trabajo de la UNESCO, que se llevaban a cabo durante los veranos en comunidades rurales; además, en su escuela se propiciaban actividades de apoyo a algunos sectores de la población como las ladrilleras ubicadas a las afueras de la Ciudad de México y en algunos hospitales. Sumado a esto, platica que sus tías Guadalupe Aguilar y Teresa Olivera la incentivaron a realizar otras acciones de voluntariado, como la alfabetización de adultos.

Por eso al llegar el momento de elegir el camino profesional optó por estudiar Antropología en la Escuela Nacional de Antropología, donde encontró su espacio y, posteriormente, se especializó como etnóloga y etnohistoriadora. 

Pero tiempo después la vida la encaminó hacia León, donde formó una familia junto a su esposo, el ingeniero Gustavo Ferrer Muñoz y sus hijos: María Belén, Maricruz y Gustavo, de quienes está orgullosa y con quienes ha estado siempre presente.

Una vez en esta ciudad tuvo la oportunidad de integrarse al Centro de Investigaciones Superiores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (CIS-INAH), ahora Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), mediante el proyecto Antropología del trabajo industrial, que tenía como finalidad estudiar ciudades en desarrollo industrial y en el que se tomaba en cuenta a León. Durante este tiempo se integraron siete personas al programa.

En él, María de la Cruz desarrolló una investigación en torno a las picas —material que aún conserva—. Con frecuencia se reunía con otros investigadores del programa en la Ciudad de México y llegó a presentar parte de su trabajo a manera de artículos en dos congresos, uno en Mérida y otro en Puebla.

“Me gustó el trabajo. Ahora creo que se podría sacar a la luz (la investigación), precisamente para ilustrar eso que era parte de la vida cotidiana de muchas personas en León y que se fue acabando”, menciona.

Sobre qué fue lo que más llamó su atención sobre las picas, platica que, entre otras cosas, fue el hecho de que era un “trabajo familiar, que una persona pudiera descargar toda su capacidad laboral en ese trabajo artesanal y que se sintiera orgulloso de ello (...) Esa parte humana es importante”. 

Y al cuestionarla sobre cómo describiría lo humano en el ámbito laboral, comenta:  “...es una persona capaz de, a partir de hacerle frente a su propia necesidad, en ese aspecto del trabajo, contribuir al bien de otros y poner el corazón en ello. Y yo creo que en el trabajo de las picas había mucho de eso. Y claro, de tal manera ganarse la vida”.

Años después se fundó en León El Colegio del Bajío, un proyecto académico que tenía como objetivo descentralizar la investigación de la Ciudad de México y contribuir a la formación de alto nivel en ciencias sociales y humanidades siguiendo el modelo de instituciones como el que le antecedió, El Colegio de Michoacán. Desde su fundación, fue dirigido por el Mtro. Wigberto Jiménez Moreno, quien continuaría con dicha labor hasta el momento de su muerte en 1985.

Durante su estancia en este centro académico, la maestra María de la Cruz comenzó a desarrollar la investigación que derivaría en León entre dos inundaciones. Una primicia fue su artículo titulado León, Gto. El surgimiento de una ciudad industrial en la Revista Norcentro del propio colegio y, asimismo, la autobiografía de un obrero del sector calzado, para la cual hizo un análisis de contexto y de lo que refería sobre la vida en esta ciudad, en su momento.

Pero el colegio llegó a su fin y la maestra encontró su nuevo espacio en la Secretaría de Educación de Guanajuato (SEG), donde desarrolló e implementó su propio programa llamado Quiénes somos y cómo somos.

Éste se llevaba a cabo en varias telesecundarias del sector rural de la ciudad y tenía como finalidad que las y los alumnos, a través de diversos ejercicios, reconocieran y valoraran su entorno; que entendieran su historia, su origen.

“Los muchachos primero iban entendiendo cómo era su espacio físico: plantas, animales; cuántas personas eran, a qué se dedicaban. Hablar con los abuelos para que les contaran su historia y anécdotas del lugar. Fue un trabajo que a mí me gustó mucho.

Incluso, los primeros años hubo oportunidad de que presentaran sus trabajos en la Plaza Fundadores. Nos prestaba mamparas la Presencia Municipal, ellos acomodaban (el espacio) y les explicaban a quienes pasaban. Las escuelas lo hicieron con mucho entusiasmo”, platica con gran emoción al recordar estos momentos. 

Durante poco más de 5 años estuvo ejecutando este programa en varios sectores de telesecundarias pero, como es la vida misma, esta etapa concluyó, aunque ella continuó su labor en la educación, esta vez como docente en la Universidad de León, donde realizó varias publicaciones que tenían un rigor más interno. 

Y es que hay una constante en su trayectoria profesional, la investigación. Es una apasionada por el conocimiento, por saber de dónde venimos y por qué nuestro contexto es como es, para así, entenderemos mejor. Por ello, una vez que la vida la trajo a León decidió conocerlo desde sus raíces. 

“Mi interés de base era entender la vida de donde tenía los pies sobre la tierra, del lugar que me acogía, en el que iba a vivir”, menciona.

Esto se ha reflejado en los temas que ha desarrollado, pues platica que es el interés el que la lleva a adentrarse en ciertos temas, no por asignación, aunque reconoce que el libro Luis Long, Arquitecto (Ediciones La Rana, 2003) sí fue una encomienda que surgió gracias al material previo que ella tenía sobre esta figura de la historia leonesa y fue a propósito del centenario de la construcción del Palacio Legislativo en Guanajuato capital, edificado bajo la dirección de Long. 

Así, bastó con recopilar un poco más de información para comenzar con el proceso de escritura. Detalla que durante esta indagatoria complementaria se divirtió mucho, entre otras cosas, por la forma en que Luis Long clasificaba su información, así como lo que este material le permitió conocer del relojero y arquitecto inglés.

“Me encantó su forma de sistematización para poder guardar esas cartas (...) en ellas habla de qué pedidos de trabajo le encomendaban, dónde conseguía el material, cómo pedía libros, cómo pedía mapas a cualquier parte del mundo y algo de su vida personal. Y realmente eso me entretuvo muchísimo”, cuenta.

Cuestionada sobre si es difícil investigar en León, responde con una gran seguridad “no”, esto gracias a que existe mucho material, solo es saber identificar los espacios donde buscar, pues, menciona, el Archivo Histórico es una mina de oro, aunque también es necesario tomarse en serio la metodología de trabajo. 

“Uno puede rastrear, sobre todo ahora que ya hay muchos elementos para encontrar material en otros repositorios internos y externos, hay que tener la visión de recurrir también en otra parte”, refiriéndose a técnicas como la oralidad o la obtención de documentos en otras fuentes como las hemerográficas o el recurrir a archivos familiares, eso sí, siempre siendo críticos de la información y comprendiendo el sentido e interés al externarla por cualquier medio. 

Su reconocimiento como investigadora e historiadora también la ha llevado a colaborar con varias instituciones municipales, como la Dirección General de Educación donde, junto con Adriana Ortega, realizó el libro Yo vivo en León, que tenía como objetivo entregarse a todos los docentes de educación básica como una guía para compartir con sus alumnos la riqueza de vivir en León.

En tanto, con el Instituto Cultural de León publicó el libro ¿Dónde estás ahora rebozo querido? El rebozo en León. Uso y oficio (2021) donde aborda la historia de la elaboración de esta prenda que durante años fue una de las más representativas de la ciudad. Además, con este mismo organismo presentará el libro León 450, donde colabora con varios historiadores a propósito del aniversario de la ciudad. 

Pero eso no es todo, ya que actualmente realiza un análisis sobre un censo en lo que fue la Villa de León en 1719, con datos precisos levantados casa por casa. Y es que, no cabe duda que María de la Cruz Labarthe Ríos es una apasionada de la historia y la investigación, que tiene en claro que conocer el pasado de la tierra que pisamos es también reconocernos a nosotros mismos.

Silvia Palacios Silvia Palacios

Comunicadora de formación. Ha trabajado en prensa escrita para formatos impreso y web. Actualmente se desarrolla en Comunicación Social. Foodie (por no decir de buen diente), viajera, melómana y entusiasta de la ortografía.