Autora: Natalia Areana Montaño Palomares
Ganadora de la categoría juvenil
La Calaca madrugó cansada del camposanto
y rumbo al Mercado Aldama se fue con paso quebranto,
cruzó las calles de León
con su mascada planchada
y al llegar al tianguis grande se sintió muy animada.
Los marchantes voceaban fuerte:
“¡Llévenle, llévenle barato!”
y la Huesuda entre risas
pedía fiado el zapato.
En el puesto preguntaba La Catrina
“¿no tendrá unas botitas pa’ mi eterna caminata fina?”
El marchante le contestó:
“Llévese las de charol, que en el panteón combinan con su elegante farol”.
Por el pasillo de frutas probó tunas y melón
mientras los niños la miraban con asombro y emoción.
Una señora marchante le ofreció piloncillo
pero la muerte quería almas, no nomás el caramelillo.
Suena la campanada que anunció el día terminado
y la Huesuda, cargada con su canasto bien llenado.
Se llevó risas, regateo, pregones y tradición
y a dos que no pagaron la cuenta de su bolsón.
***
Calavera al tianguis de La Línea
Autor: Efraín Cordero López
Ganador de la categoría adultos
Entre los tianguis añejos
que tenemos en León
solo hay uno que perdura
desde la Revolución:
Ese tianguis mencionado
es el mero de La Línea
y la Muerte lo ha elegido
como punto de partida.
En los meros chocomiles
quiso hacer la matazón,
más los ricos antojitos
le cambiaron de opinión:
Se aventó tremendos sopes
y unos tacos de guisado,
muchos panes, pizza, postres
y platillos de pescado.
Pa' bajarse lo jambado
se tomó una cebadina,
repitiendo por lo bajo
—pues se precia de ser fina—.
Aunque no eran navidades
divisó muchos juguetes
y harta música en memorias
donde antaño había casetes.
Como era de suponerse
—pues estamos en León—,
encontró cien mil zapatos
para cualquier ocasión.
'Ora sí puede decirse
que la Muerte es más Catrina
por todo lo que ha comprado
en el tianguis de La Línea.
***
La Parca descansa
Autor: Francisco Javier Orozco Valverde
Ganador de la categoría calaveras galantes
Muerte cansada por mundo entero,
con el dolor en su osamenta,
recordó que un niño en La Pulga le dio un balero
y de La Línea, un dulce de menta.
Cargaba un luto pesado de guerras y encono,
de ser la mala en cada triste historia,
hasta que el aroma de un florido pomo
le recordó un menudo de rica memoria.
Encontró un camino de luces de cempasúchil
y yerbas de San Juanita en la ofrenda,
un paseo por el Mercado Aldama dulce y tranquilo
reemplazó a la condena que encuentra en la senda.
Aquí la Huesuda se vuelve comadre,
le cantan canciones, le escriben versos,
se ríe y se toma su alegre pulque,
olvidando por un rato sus universos.
Pero hoy no viene por nadie, de verdad
va a descansar, a comer y sentir
que en México, con total salvedad,
la existencia y la muerte aprenden a vivir.