INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

Compartir la herbolaria desde ellas

las plantas tienen un uso medicinal que ha trascendido en el tiempo y, aunque en la actualidad es visto normalmente como los ‘remedios de la abuela’, va mucho más allá
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Silvia Palacios
Desde las primeras civilizaciones, las plantas han sido utilizadas por sus propiedades medicinales y, por lo regular, las mujeres son las principales guardianas de este conocimiento que va pasando de generación en generación.

Cuántas veces no hemos escuchado: “tómate un té de limón con miel para la garganta” o “un té de manzanilla cae bien al estómago”; y es que las plantas tienen un uso medicinal que ha trascendido en el tiempo y, aunque en la actualidad es visto normalmente como los ‘remedios de la abuela’, va mucho más allá.  

Cuando los grupos humanos habitaban en cavernas la base de la alimentación fue la selección de semillas y frutos que recolectaban las mujeres.¹ 

Existen diversas teorías sobre el uso de las plantas como elementos de sanación, desde la medicina naturista a la teoría de las signaturas o del signo, que ha sido utilizada desde hace siglos y consiste en: 

Una interpretación de las propiedades curativas de las plantas y otros elementos según su apariencia y comportamiento. Según esta teoría, las plantas presentan evidencias de sus propiedades medicinales mediante la forma de sus órganos, su forma de crecimiento, comportamiento… Por ejemplo, a través de esas similitudes entre las plantas medicinales y los órganos del cuerpo, se llegaba a conocer para qué parte del cuerpo es útil una planta.²

Así como éstas, también está el conocimiento que tenían las civilizaciones prehispánicas (prueba de ello es el Códice Badiano) y que ha trascendido el tiempo gracias a que en cada generación existen personas interesadas en la herbolaria, quienes deciden adentrarse y conocer a fondo las propiedades de las plantas. 

Adela Martínez Hernández, cuyo nombre de tradición es Cihuacóatl —mujer serpiente—, se dedica al acompañamiento de sanación a través del huevo de obsidiana y para realizarlo también hace uso de la herbolaria.

Adela cuenta que desde que era pequeña comenzó a adquirir las bases de este conocimiento. “Siendo de familias indígenas, mi abuela materna, chichimeca, y paterna, purépecha (...) era ir de una casa a la otra y así. Entonces, podíamos entrar a ambas casas a la hora que quisiéramos (sus abuelas eran vecinas). Íbamos a visitarlas y pues mis abuelas, ambas eran de, «¿qué te duele?». Y era «tómate esto, tómate lo otro».

Fui creciendo con eso como una forma muy natural de curarnos. Luego mi mamá fue también así con nosotras, de «a ver, esto se cura así» (...) Y pues bueno, me convierto en mamá y empiezo a aplicarlo porque también era como, si funcionó para mí, pues va a funcionar para mis hijos”.

La posibilidad de un trabajo la fue adentrando más y, luego de éste, comenzó con la práctica del conocimiento del huevo de obsidiana para la sanación del linaje femenino, desde hace ya 7 años.

Sobre la herbolaria, menciona que es la alquimia que genera la sanación de la emoción. “Toda enfermedad se genera de una emoción. Entonces por eso están divididas en plantas dulces, en plantas amargas, en plantas calientes y en plantas frías”. Entre las dulces está la manzanilla; en la amarga, el simonillo; el tabaco es una planta caliente y en las frías podemos encontrar la menta.

“Cuando llegan conmigo primero platicamos y voy viendo qué traen, cuál es la emoción que las está enfermando, entonces ya platicando y viendo cómo están, sé qué darles porque sé a dónde tiene que ir”, menciona; eso sí, destaca que se necesita tener conocimiento de lo que se aplicará, ya que todo debe ser en dosis indicadas. 

Al cuestionarle por qué en ocasiones la herbolaria es relacionada con la magia, señala que “somos seres mágicos” y nuestro espíritu es fuego, es lo que nos mantiene vivos. Aquí cabe destacar que como seres humanos y seres biodegradables estamos relacionados con los cuatro elementos: la palabra es el viento; el fuego, el espíritu; el agua son las emociones y, al final seremos polvo, de ahí la tierra. Pero también somos corazón, que es el alma.

De igual forma, tradicionalmente se ha compartido el conocimiento de la herbolaria entre mujeres: la abuela a la madre, la madre a la hija y así, sucesivamente; y aunque no es exclusivo del sexo femenino, sí hay una tendencia marcada. 

Para Adela existe un porqué y éste se refiere a que “en nuestras culturas, tradicionalmente, las mujeres ayudaban a la gente a que se fuera, o sea, cuando estaban a punto de morir pero no se morían se decía que ellas (podían ayudar) porque somos el portal de vida, o sea, ningún ser mamífero llega a este plano si no es por un vientre, entonces nosotras somos portal de vida (...) somos poseedoras de ese tesoro y como poseedoras manejamos los elementos: el fuego, el agua, el viento y la tierra”.

Además, destaca que las plantas vienen de la tierra y ésta es mujer, argumento visto incluso desde varias culturas: Gaia, para la mitología griega; Tlaltecuhtli, diosa de la tierra para los mexicas; Tellus, en la mitología romana.

Como es visible, adentrarse en la herbolaria es también descubrir y conocer una cosmovisión que tiene a la naturaleza en su base y la consciencia del ser en el planeta. Por ello y para conocer más de la herbolaria y sus aplicaciones, Adela invita a recobrar las memorias. 

Porque “ese es el conocimiento, la memoria de las demás, de los demás”.

Referencias

¹ Alberti-Manzanares, P. (s. f.). Los aportes de las mujeres rurales al conocimiento de plantas medicinales en México: Análisis de género. https://www.scielo.org.mx/scie...

² Sara. (2023, 26 diciembre). Teoría de las signaturas. Saraplantas. https://saraplantas.com/concep...

Silvia Palacios Silvia Palacios

Comunicadora de formación. Ha trabajado en prensa escrita para formatos impreso y web. Actualmente se desarrolla en Comunicación Social. Foodie (por no decir de buen diente), viajera, melómana y entusiasta de la ortografía.