INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

El arte como vehículo de resignificación de la propia vida

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Julieta Auxiliadora Egui Sánchez
¿Puede el arte favorecer la resignificación de la historia en una persona? Esta interrogante es la que da origen al presente artículo, cuyo contenido forma parte de un estudio más extenso con 33 artistas y que, en su momento, pretendía determinar cómo el arte puede ser un vehículo de resignificación en la historia de un artista.

El impacto del arte en la vida de las personas es un tema recurrente en mi búsqueda académica y en la interacción cotidiana con artistas. Aunque podría acceder a mucho material bibliográfico para hacer una disertación del tema, decidí aprovechar las ricas intervenciones de los artistas investigados, permitiéndome convocar sus reflexiones.

Este estudio, en particular, pretendió corroborar cómo el arte puede ser un interesante pretexto para volver sobre la propia historia, para releer los sucesos vividos de una forma más sana o simplemente para exorcizar los propios demonios y respirar con más fluidez. Además, parte del estudio intenta constatar si la escritura creativa, entre otros, es un recurso favorable, en sí mismo, para la resignificación de la vida de un artista. 

1-. Sujetos de estudio

Es importante mencionar que el presente artículo es un extracto del análisis de un cuestionario realizado a 33 artistas, de los cuales 29 son mexicanos y 4 extranjeros, con un rango de 23 a 77 años de edad. Veintiuno de los participantes son hombres y 12, mujeres.

Respecto a la formación académica, 31 poseen uno o más estudios académicos a nivel de educación superior y 29 de los 33 mencionan a la lectura asidua como un componente importante para su formación. 

Retomando la formación académica de estos artistas, predominan tres áreas: el arte (en sus diferentes disciplinas), la psicología y la pedagogía. Cabe destacar que la totalidad de los sujetos han realizado estudios de manera informal en diversas disciplinas artísticas.

2-. Instrumento

El instrumento seleccionado para el estudio fue la Entrevista Focalizada Estructurada, compuesta por 13 reactivos que orientan a la reflexión en cada sujeto de estudio. Entre los bloques categoriales del instrumento se encuentran: Datos biográficos, inicio en el arte y cómo éste es hoy su pasión, lectura e identificación de los eventos difíciles y/o bloqueos en la vida del artista, arte como recurso de sanación, motivaciones para hacer arte. El arte como espacio de encuentro, influencias, epistemología del arte a través de la experiencia, arte y espiritualidad.

3-. Resultados (extracto) ¿Qué lo induce a hacer arte?

Por razones de espacio y circunscripción de la pregunta, es oportuno señalar que las respuestas de los sujetos se orientaron algunas a sólo un aspecto, otras fueron muy ricas y abordaron varias razones; por lo tanto y por motivos de facilitar la comprensión, se distribuyeron en nueve categorías: 

a) Una necesidad ontológica.

b) La manera de cómo expresarme, comunicarme.

c) Un escape (desahogo, tranquilidad).

d) Crear (creatividad).

e) Un anclaje (conciencia de quién soy, humanidad).

f) Posibilidad de originalidad.

g) Posibilidad para concretar ideas.

h) Herramienta terapéutica con propiedades curativas.

i) Herramienta para acceder al conocimiento.

Por límite de caracteres, sólo analizaremos dos (a y e) de las nueve categorías.

El arte como necesidad ontológica

En este apartado se convoca a la ontología no de la manera tradicional, sino en su afectación desde el punto de vista categorial; esto es, donde permite hacer una aproximación al objeto a través de un análisis lingüístico para comprender lo que el objeto en sí comunica. Al respecto, Vélez León (2006), además de retomar el sentido más conocido de la ontología, rescata ésta como una herramienta de análisis.

Tradicionalmente la ontología ha sido considerada como una teoría de los objetos. La búsqueda, tratamiento y naturaleza de cada tipo de objeto (concreto-abstracto, existente-inexistente, ideal-verdadero, dependiente-independiente) de la realidad ha sido matizada de diferentes maneras por las diferentes tradiciones filosóficas; sin embargo, las recientes contribuciones han devenido a la ontología en un análisis categorial y/o lingüístico, en el cual adicionalmente se confunde la disciplina científica con sus herramientas. Para la ontología tradicional el «objeto» es lo que es, lo que está siendo. (Vélez León, 2006: 6).

Cuando ocho de los 33 sujetos afirman, de diversas formas, que el arte es su manera de ser en el mundo: «Si no lo hiciera —bailar— siento que no sería yo» (sujeto 1), entonces es el arte donde se reconoce; o como declara el sujeto 3, «el arte es mi forma de vivir, aceptar y gozar de la vida»; por su parte, el sujeto 5, admite que «sólo el arte me da voz y espacio para vivir entre los normales, una membresía que a veces me cuesta conservar»; en cambio, el sujeto 9 lo identifica dentro de sí «es una voz interior la que me impulsa a hacer arte, yo sólo la escucho». 

Adicionalmente, el sujeto 21 habla de algo apremiante que lo impulsa a buscar respuesta a los interrogantes existenciales, «es una necesidad imperiosa de responderme preguntas sobre la vida y mostrarlas para ver si en algo contribuyo a que otros que se hacen estas mismas preguntas encuentren respuestas». El sujeto 12 asocia el arte con la cultura, viéndola como parte consustancial de lo humano «es mi naturaleza misma, es decir, la cualidad que me identifica como un ser humano y que me distingue del resto de los seres vivos».

Arte como un anclaje con quién soy, conciencia de la propia humanidad.

Para Zinker (2003), ‘hacer arte’ consiste en plasmar una necesidad de vida más extensa e insondable. Por ello, durante el proceso creativo se desarrolla la psiquis, vinculando a cada artista con su origen. En ese sentido, la creación artística, además de verse como una actividad profesional y como una disciplina académica, también es una posibilidad ontológica de anclaje, una oportunidad de autoconocimiento y crecimiento humano. (p. 5).

Insiste Zinker (2003) que “el acto de creación es una necesidad tan básica como la de respirar o hacer el amor” (p. 5); tal como también lo señalan algunos sujetos de estudio: 

Si no hago arte, me reviento por dentro. No obstante, la conciencia de lo anterior, mi piel registra costuras y parches de explosiones por mis fallidos intentos de aislarme y desaparecer en el anonimato de la no existencia. Sólo el arte me da voz y espacio para vivir entre los normales, una membresía que a veces me cuesta conservar. (Sujeto 5).

Al respecto, continúa diciendo Zinker (2003), que quien tiene esa particular sensibilidad se siente impulsado a crear porque es una manera de asegurar el contacto consigo mismo de manera holística, como lo declara el sujeto 11: «Hago arte para mantenerme en contacto conmigo misma en cuerpo y espíritu, observando e interpretando los acontecimientos de la vida de una manera tal que me permita mantener ecuanimidad y alegría». Los otros sujetos: 12, 14, 16, 18, 21, 23, 25, 29, 31 y 33, coinciden en que los motivos de hacer arte obedecen a su necesidad de ser en el mundo, aunque eso suponga un riesgo y constituya su forma de relacionarse con los demás, así como lo afirma Zinker (2003) cuando relaciona el arte con un acto que permite la autoafirmación:

La creatividad no es sólo el concepto, sino el acto mismo; la realización de lo que es urgente, de lo que necesita ser afirmado. No es sólo expresión del espectro total de la experiencia y sentimiento de unicidad de cada persona, sino también un acto social, un compartir con nuestros semejantes esa celebración, esa afirmación de vivir una vida plena. (Zinker, 2003: 5).

Esa afirmación de la que habla Zinker (2003) hace referencia a lo que el sujeto 12 llama cualidad, «¿Qué me induce a hacer cultura? Mi naturaleza misma, es decir, la cualidad que me identifica como un ser humano y que me distingue del resto de los seres vivos». O el metalenguaje del que habla el sujeto 14 «en general, la reflexión desde el metalenguaje —musical, visual, poético— sobre aspectos de importancia para el ser humano, como filosóficos, sociales, culturales, etcétera».  En cambio, el sujeto 16 lo llama aliciente  «las ideas, la creatividad, el poder indagar e investigar, creo que el saber es un aliciente y eso me conmueve bastante, el poder descubrir objetos, personas e historias para vivirlas»; y el 18 lo considera un complemento ideal, «se trata de un seguirme conociendo y si mis semejantes son tocados por mis encuentros con la vida ya es el complemento ideal». 

El sujeto 21 hace mención de responderse preguntas vitales, «una necesidad imperiosa de responderme preguntas sobre la vida y mostrarlas para ver si en algo contribuyo a que otros que se hacen estas mismas preguntas encuentren respuestas»; a su vez, el sujeto 23 encuentra en el arte su sentido de vida, «me deprimo, pierdo el sentido de mi vida (aunque hay muchas personas a las que amo, es otra cosa, una parte interna que me fija en el tiempo y en el espacio); el arte es mi forma de vivir, aceptar y gozar de la vida». 

De los anteriores planteamientos se deduce, como lo afirma Zinker (2003), que la creatividad y el arte en sí mismo son: 

La ruptura de límites, la afirmación de la vida más allá de la vida, la vida moviéndose más allá de sí misma. Debido a su propio sentido de integridad, la vida nos pide que afirmemos nuestra naturaleza intrínseca, nuestra esencia como seres humanos. (Zinker, 2003: 5).

5-. Intentando cerrar la reflexión

Tal como se ha podido ver, la manera de ser de algunos de los sujetos de estudio es a través de sus expresiones artísticas. De hecho, reconocen, como lo dice el sujeto 4, que  «es el arte quien me ayuda a explicar, expresar, sentir y vivir, lo que en mi interior crece y se desborda». El sujeto 13 hace mención de cómo «las diferentes expresiones artísticas sólo son manifestaciones de mi interior». En efecto, Pozzoli (2007), cuando habla de esa traducción, hace referencia a que la expresión artística va más allá de una simple búsqueda y se adentra a un lenguaje invisible, libre, sin amarra, donde se revela lo que bulle dentro de la persona.

El arte es mucho más que la simple expresión de la búsqueda de la belleza. El impacto que puede generar en el alma humana puede suceder en ese lenguaje invisible que tienen los genuinos estados de gracia estética. /…/ La experiencia estética activa también es una proclama, una respuesta alegórica que permite soltarse las amarras de lo que en la profundidad de nuestro ser pudo haber quedado trunco o frustrado. Un evento cualquiera, ordinario, repetido, invisibilizado, puede significar una oportunidad liberadora que le permita al espíritu enriquecido abandonar su cautiverio. (Pozzoli, 2007: 5, párr. 13; 6, párr. 14).

Por lo tanto, en una cultura educativa occidental que poco anima y estimula a las experiencias reflexivas y al contacto con el interior de las personas, el arte se convierte en uno de los mejores vehículos para que la persona no sólo conecte con su espíritu, sino que establezca un diálogo más genuino con lo que le rodea. Por otro lado, al darle tanto énfasis a la racionalidad en detrimento de lo emocional, el costo social sigue siendo muy elevado.

Es así como el arte, entre otros fenómenos humanos, busca entender la realidad desde un ángulo en el que pueda reconocerse la humanidad misma. Esa búsqueda le permite explorar más allá de la utilidad económica o práctica de un producto; esto permite hacer contacto con lo más genuino y auténtico del ser humano. En efecto, el sujeto 15 lo sintetiza de manera magistral «la búsqueda espiritual me llevó al arte y luego éste me condujo a aquella, creo que es un círculo virtuoso».

No sé si se respondió la pregunta inicial, ¿Puede el arte favorecer la resignificación de la propia historia en una persona?, lo que sí estoy segura es que el arte puede ser una exquisita excusa para recordar quiénes realmente somos.

Referencias.

Huesca Ramón, F. (2020). La forma estética en Hegel: el arte como un vehículo cognitivo. Avatares de la forma II. Tópicos del Seminario, 43. pp. 105-121.

Pozzoli, M.T. (2007). Espiritualidad, arte y belleza. Espacios del universo para el desarrollo humano desde el pensamiento complejo. Polis. Revista Latinoamericana. Arte y realidad. 17: 1-17.

Vélez León, P. (2006). Aproximaciones a la ontología del arte. Analysis. Documentos de Investigación, 9 (1), pp.1 - 21.

Zinker, J. (2003). El proceso creativo en la terapia gestáltica. México: Paidós.

Julieta Auxiliadora Egui Sánchez Julieta Auxiliadora Egui Sánchez

De nacionalidad venezolana, actualmente reside en México. Licenciaturas en Filosofía, Pedagogía de las Artes Escénicas y Artes Plásticas (Caracas, Venezuela). Especialidad en Espiritualidad (Roma, Italia) y Maestría en Psicología Humanista (León, México). Doctorado en Psicoterapia Humanista en el Colegio Humanista de México.  En el ámbito de las artes incursiona en música, pantomima, pintura, escultura y literatura; además, se desenvuelve como correctora de estilo. Desde hace años trabaja con equipos interdisciplinarios en reflexiones y proyectos orientados al aprovechamiento de las artes como valioso vehículo para mejorar la calidad de vida.