INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

¿Fuimos disidencia?

La rebeldía se ha institucionalizado, la resistencia es una pose, ¿a dónde se fue la disidencia?
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Jorge Flores
En estos tiempos del DIY —Do it yourself—, de la autogestión y el individualismo; estar en desacuerdo se convirtió en obligación. El sistema nos arrastra a crear provocación; fuimos resistencia, ¿podemos volver a la disidencia?

Decidir con toda voluntad separarse de una ideología, de un sistema, de una estructura. En términos prácticos, eso es disidencia. En un concepto patriótico un disidente es motivo de vergüenza, en un sistema político, un rebelde, dentro de la familia es deslealtad; en el arte y la cultura, la disidencia ha motivado la transformación. 

Entre las páginas de la historia se leen infinidad de ejemplos de artistas, pensadores y corrientes que, inconformes, se separaron de las normas y propusieron las propias. Así nacieron tendencias y formas de expresión que, conforme el paso del tiempo, fueron adaptadas por la sociedad. 

Y todo lo que se adapta, se resigna, se mimetiza con su contexto. La disidencia se convirtió en norma y el ciclo de transformación se ha ido repitiendo a través de la historia del arte. Hoy, en este después del postmodernismo, del discurso neoliberal: ¿cuál es el estado del arte con respecto a la disidencia?, ¿el artista radical transforma o es parte de un sistema que le exige ser provocador? La frontera entre separarse y ser parte se ha vuelto delgada, finita; aún así hay veredas por las que podemos andar para entender a la disidencia en este presente que es todo y nada a la vez. 

Núria Guiu durante un momento de la actuación en el espectáculo Likes en el Teatre Lliure. © Ayuntamiento de Barcelona / Laura Guerrero

Hace un siglo era relativamente sencillo identificar la disidencia, propuestas que iban en contra del arte burgués, incomodaban y generaban discursos transformadores. Actualmente, incluso en el radicalismo hay conformidad, privación propositiva, los discursos se sostienen de una estructura progresista que utiliza la resistencia para mantener el orden de las cosas, el sistema desarrolló la habilidad para digerir y colonizar al disidente.

«La cultura de masas mercantilizada marca un rasgo de semejanza —en el cine, en la radio, en la televisión, en las revistas— y se afianza a través de una industria cultural que concentra los centros de producción, dispersa la recepción y estandariza los productos de consumo», se lee en el artículo colaborativo Arte y Disidencia en la Sociedad Fragmentada publicado en la revista Ausart en 2019. 

Desde el tardío postmodernismo podemos redondearlo en la década de los 90 hasta el presente, el artista comenzó a pensar desde las estructuras que pretendía cambiar con los mismos argumentos que éstas le ofrecían. Se volvió incapaz de confrontar al sistema porque no pudo salir de él. La autocensura, la corrección, la masificación, el acceso inmediato a la información falsa o no, un sinfín de fenómenos atacaron el espíritu librepensador y como siempre casi siempre el sistema venció.

«Aquella visión romántica del artista rebelde que desafía el orden imperante se vio erosionada por el relativismo moral de la posmodernidad, que marcó los años ochenta; después, a partir de los noventa, se vio desestimada por el credo neoliberal, que ha supeditado la práctica artística a las leyes del mercado y al éxito individual», escribe Bernat Plugtobella en su artículo El arte de la disidencia: El precio de la libertad, en el que cita a diferentes aristas disidentes como Joan Bordeus, quien dice:

«Una forma generosa de entender las contradicciones del artista contemporáneo es verlo como un parásito carcomiendo el sistema. La diferencia entre el parasitismo y otras relaciones tróficas, como la de depredador-presa, es que el parásito evita un choque frontal en el que podría morir devorado y consigue sobrevivir dentro del huésped, debilitándolo». 

EXPOSICIÓN ESTALLIDO ARTÍSTICO, Testimonios creativos de la agitación social / Fotografía de Daniel López Pelissier

Pero nada es imposible, incluso ahora. El punto en común donde críticos, artistas y estudiosos han coincidido, es que el arte, para ser disidente, debe tener en cuenta los elementos políticos que lo rodean, venir de una necesidad honesta, permitirse libertad y pensarse en colectivo; lo demás es postureo: el análisis, la investigación, la seriedad y la convicción del discurso es lo que nos permite creer que se puede confrontar lo establecido. 

«Hoy en día la única disidencia digna de este nombre es la de hacer cosas serias y llevarlas hasta las últimas consecuencias, sin dejarse seducir por la banalidad ni buscar la fácil aceptación», asegura Albert Serra en el artículo de Plugtobella. 

Tenemos ahora nuevas formas de expresión, canales alternativos y neutrales, que bien pueden guiar el camino del discurso disidente o frustrar sus intenciones y convertir protesta en panfleto. 

La autogestión y la multidisciplina son posibilidades para democratizar el arte, pero uno de los factores que han permitido que los discursos tengan la solidez necesaria para convertirse en mensajes trascendentes, es la colectividad, un concepto que se fortalece día con día, porque fuera de la institución, fuera del sistema, sin una estructura que lo apuntale, el discurso se sostiene en colectivo.

«Pero desde el momento en que la infraestructura material no ha de ser construida colectivamente —como en el DIY autónomo de las radios libres, la música y los fanzines— la implicación comunitaria tiende a desaparecer, y con ello la significación política», añade el artículo de Ausart, destacando la importancia de la comunidad dentro del discurso; justo en una época donde nos vamos convirtiendo en islas ‘conectadas’, pero islas al fin. 

La comunidad justifica la acción política, a través de las miradas, necesidades y reclamos de un colectivo el contexto puede concebir un cambio social, que al final debería ser un pendiente permanente en cualquier manifestación artística.

Así como las formas han cambiado, también el fondo; derrocar dictaduras, el libre mercado, la secularización o la esclavitud no son más los temas apremiantes en la consigna denunciante; la sensibilidad, la introspección y los derechos culturales nos han vuelto la mirada y el reclamo de justicia hacia la libertad sexual, identitaria, de seguridad y la calidad de vida. 

Arte y Disidencia: otra generación, otras expresiones, Coolhuntermx / Fotografía de Óscar Sánchez Gómez

Entre esas temáticas que hoy en día aborda el arte disidente podemos mencionar la diversidad, la lucha feminista, la equidad y libertad de género, el no binarismo, la belleza no hegemonica, la serofobia, la cultura como derecho humano; entre otros temas que tocan en lo individual pero trascienden en lo comunal. En este presente desechable y efímero existen propuestas artísticas que desde su honestidad y su seriedad han logrado tener la cualidad de disidente.

Manuel Huesca y Miss Perkances, en colaboración con la UNAM, presentaron en el 2020 el proyecto de investigación Venus en Joyxs, Joyería Teratogénica teniendo como discurso “el ornamento como resistencia y afirmación de la performatividad de género”. 

El colectivo Mueganxs presentó en 2021 la exposición Cero + Infectar las narrativas, parasitar los espacios. Una reveladora exposición virtual y colectiva que pone en altavoz la necesidad de los seropositivos de desenvolverse en espacios sanos y afectivos, sin los juicios morales, clínicos o de temor.

La Feria Literal en Barcelona (https://literalbcn.com/) cumplió ocho ediciones el pasado mayo, feria que promueve el pensamiento crítico a través de la literatura radical con el objetivo de presentar formas alternativas de relacionarse con la literatura, de llevar el pensamiento crítico a un lugar mucho más común, incentivar la cultura colaborativa y unirla con la economía solidaria.

El estallido social de 2019 en Chile, desató una serie de manifestaciones artísticas que sostuvieron el reclamo de un país inconforme. El colectivo Nómada nos ofrece una visión panorámica de estas manifestaciones a partir de su exposición colaborativa Estallido Artístico, arte visual que es testimonio de las denuncias, las protestas y sus protagonistas. 

La disidencia artística hoy no se entiende en la violencia y el radicalismo: el amor de una madre buscadora que teje un mandala, la empatía de un padre que lleva a su hijo a un performance por la libertad de género, el valor de deconstruir símbolos patrios y monumentos para priorizar discursos de equidad. La sensibilidad social, el criterio colectivo y la libertad de identidad nos han llevado a estas ‘nuevas’ disidencias; porque son otras formas y otras necesidades, pero el arte sigue siendo resistencia.

Referencias:

Del Amo Castro, Ion Andoni, Arkaitz Letamendia Onzain, y Jason Diaux González. 2019. Arte Y Disidencia En La Sociedad Fragmentada. AusArt 6 https://doi.org/10.1387/ausart.20342

Bernat Puigtobella (Diciembre 2021) El arte de la disidencia: el precio de la libertad. Barcelona Metropolis. https://www.barcelona.cat/metropolis/es/contenidos/el-arte-de-la-disidencia-el-precio-de-la-libertad

Nómada Espacio Artístico (16 de enero 2020). Exposición Estallido Artístico. Testimonios Creativos de la Agitación Social. https://museodelestallidosocia...

Bob J. Barraza (22 de febrero del 2022) Arte y Disidencia: otra generación, otras expresiones. Coolhuntermx. https://coolhuntermx.com/arte-y-disidencia-otra-generacion-otras-expresiones-ennials-vih-feminismo-violencia-de-genero/

Cero+ Infectar las narrativas y parasitar los espacios, Muéganxs. Recuperado de: http://mueganxs.com/cero.html

Jorge Flores Jorge Flores

Licenciado en Ciencias de la Comunicación. He trabajado dentro de la narrativa y difusión cultural desde hace más de 10 años, en plataformas digitales, medios tradicionales y proyectos culturales relacionados a la música, literatura y cine. Necio consumidor y creador de productos culturales.