Creció en una familia de cuatro integrantes, sus padres y su hermano; un entorno familiar que lo estimuló gratamente respecto al tema del arte pues su mamá, además de trabajar en el Seguro Social, se dedicaba a la pintura (incluso tomó clases con una alumna del maestro Antonio Segoviano), y su papá, quien era abogado, también se dedicaba a la música dando clases en la Escuela Superior de Música; contexto artístico que fue marcando el camino de ambos hermanos.
“Muchas veces me veo a mí mismo como una especie de bicéfalo, como un ser de dos cabezas, que por un lado es la parte de la música pero también la parte de la visualidad; afortunadamente en algunos proyectos las he podido conciliar… Creo que esos dos caminos han estado latentes, incluso intercalándose como por ósmosis; recuerdo tardes de domingo con mi papá escuchando óperas, que en aquel momento no era algo que me encantará, pero tarde que temprano como que se regresa, como que está en tu psique lo que ya echó raíces”.
Desde muy pequeño, Benjamín ha sido un apasionado de la historia, a tal grado de involucrar diversos de sus juegos en contextos bélicos del mundo; esta fascinación mezclada con la inclinación al arte hicieron que, sin saber entonces cuál era el campo laboral real, optó por cursar la licenciatura en Historia del Arte. Evidentemente su decisión no fue errónea, siendo un camino por el que Benjamín ha transitado con pasos firmes.
Sus estudios se enfocaban en la parte teórica, pero poco a poco se fue involucrando en la producción de arte a través de exposiciones independientes con compañeros de otras carreras más afines al tema de la creación. Artistas como Flor Bosco y Enrique Morfín vieron potencial en su trabajo; fue seleccionado del Encuentro Nacional Arte Joven y finalista al Premio Estatal de la Juventud en la Categoría de Arte, ambos en 2009. Después surgieron proyectos de gestión, curaduría, conferencias y académicos, siendo docente en licenciaturas como Diseño gráfico, Diseño de modas y Artes plásticas, incluso llegando a ser director de la Facultad de Artes Plásticas en la Universidad de León.
Es curioso pensar que este artista, previo a su desarrollo profesional, tuviera la sensación de ser un mal dibujante, sin embargo ―y como asegura actualmente―, la terquedad es parte fundamental de quien se desenvuelve en esta carrera; y así fue, a los 18 años decidió que se pondría a pintar… y lo hizo en ese preciso momento, realizando varias réplicas de artistas del fovismo.
“Ahí tuve ese llamado, esa necesidad de decir «hoy cumplo 18 años y tengo que pintar», y el resultado fue satisfactorio; vi que podía conseguirlo y me seguí de largo. Definitivamente ha sido todo un proceso, creo que al principio había en mí la necesidad que hay en otros artistas jóvenes de demostrar cierta habilidad, de ir hacia lo figurativo, que te vean como naturalista; pero poco a poco lo fui dejando, creo que en la medida en que me fui soltando me iba encontrando realmente como artista”.
Benjamín ha sabido encauzar su formación como historiador y como productor, compartiendo sus conocimientos con nuevas y diferentes generaciones. Él toma a la pintura como eje, una pintura entendida desde la historia del arte, nutriéndose de diversos estilos, movimientos y representantes, que finalmente desemboca en procesos y manifestaciones muy personales, pero que puede construir puentes, como la ‘transpintura’, “prácticas pictóricas relacionadas a lo que es el campo expandido y donde creo que todas las disciplinas están vigentes, se contaminan en un sentido positivo entre sí, como una posibilidad amplia de campo de acción de experimentación”.
En su labor académica, ha dado continuidad a su preparación cursando, entre otros, una especialidad en Enseñanza Universitaria, una maestría en Desarrollo Organizacional y un taller de Fortalecimiento de Habilidades Gerenciales; asegurando que el orden también permite potenciar la parte creativa. Para él, el trabajo administrativo se conecta con la búsqueda del servicio, del ayudar al otro, de no olvidar su parte humana.
“El asunto es facilitar procesos, entender cuáles son las áreas de oportunidad en las que se puede trabajar, darles las herramientas en la medida de lo posible o los medios para que ellos las consigan. Para mí siempre ha sido satisfactorio, incluso en una época me era más fácil vender la obra de otros artistas que la mía; hubo un tiempo en que desatendí mi propia carrera por generar espacios para que otros artistas expusieron, encontrarán mercado, y a fin de cuentas también tiene su parte fascinante”.
Benjamín Hurtado tomó el cargo como coordinador de la Escuela de Artes Visuales Antonio Segoviano (ESAV) a partir de febrero de este 2022; una responsabilidad que afronta con la energía y madurez que posee en este momento de vida.
“Me interesa consolidar la identidad y pertenencia de la ESAV, creo que es una de las instituciones referentes, uno de los semilleros más importantes que ha habido de artistas no solo en León sino en la región; y es algo que se tiene que decir con orgullo. El que yo me sume me llena de orgullo porque sé lo que hay detrás, de los artistas que han estado, de la gente al frente en otros momentos, y que esto sea algo que se sienta con nuestros egresados, maestros y alumnos”.
Entre sus proyecciones se encuentran la interacción, conexión y diálogo constante de la comunidad ESAV con el exterior; ubicar a la escuela como un punto de encuentro; permitir la autorrealización de profesores; mantener las puertas abiertas a propuestas y colaboraciones; posibilitar el desarrollo de sus estudiantes fuera de las aulas.
Para Benjamín es esencial continuar aprendiendo hasta el último día; desea siempre estar en búsqueda de cosas nuevas, de poder ver a los ojos a sus estudiantes y saber que hizo todo lo posible para apoyarles, de continuar creando más allá de la riqueza o la fama. Manifiesta: “me gustaría, aunque suene muy romántico, morirme en el taller”.