INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

La construcción íntima de un sueño

Corazón de Pan, un espacio que desde hace 15 años es parte de la vida de los leoneses con su menú reconfortante y dulce.
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María Luisa Vargas San José
Gabriela hace un pan adorable. Un milagro crujiente, calientito, oloroso. Suave de miga, dulce. Goloso. Con su pellizquito de sal. Amasa y hornea su pasión que, por fortuna para nosotros, es aquello que nos alimenta a todos y que nos deja agradecidos y felices.

Pan para disfrutarlo en el momento o para llevarnos a casa y combinarlo con mil cosas: tostarlo con mantequilla y mermelada, convertirlo en bocadillo o en budín; pan para comérnoslo con los amigos, con los nuestros, con los amados. Pan hermoso que, apenas saliendo del horno llena el espacio públicamente íntimo que se ha logrado en esta panadería y cafetería ya aprobada por los años.

El espacio, decía Kant, no es una cosa afuera, independiente de nosotros, el espacio es la forma de lo conocido… Son nuestras necesidades, deseos, intenciones y hábitos los que caracterizan los lugares que creamos para habitarlos. Disponer de ellos, de cierta manera, implica una forma específica de concebir el tiempo que vamos a vivir ahí. Y así, en el momento en el que nos preguntamos ¿qué queremos que pase aquí?, empezamos a planear la vida, los medios y los modos para que esto ocurra.

Hace trece años enteros que Corazón de Pan existe para nosotros, pero mucho tiempo pasó gestándose en la cabeza, en los sueños y en las ganas de Gabriela y de Arturo. 

Planear es vivir por adelantado, implica tener en la mente un proyecto que acabará por materializarse algún día. Soñar en ese proyecto, recorrer mentalmente sus entrañas antes de que exista, saborear su calidez, imaginar los espacios con amor, construirlos con el pensamiento, cambiarlos una y mil veces… visualizar nuestra vida en su interior. ¿Cómo nos acogerá? ¿Qué historias se desarrollarán aquí? Ensueño y esperanza, apuesta por el futuro… y luego, bajarlo a la realidad. Convertirlo en pesos y centavos, ahorrar durante años, investigar el mercado, diseñar las estrategias necesarias para que este deseo nazca al mundo, respire y viva lo más protegido posible.

Y finalmente, el pan. En el centro de todo, el verdadero corazón del proyecto es el placer de construir con las propias manos un alimento milagrosamente vivo y ancestral, y crear, a partir de él, un lugar de consuelo y cobijo durante los días lluviosos —como el de su inauguración— y alegre y llano para cuando el sol brille. 

Corazón de pan es un espacio público que termina siendo íntimo, tibio, dulce. Nos recibe con conchas de chocolate y vainilla que, cuando están rellenas de nata, son las reinas de la casa. Chocolatines de hojaldre con su tesoro suave de terciopelo oscuro. Gorditos panes rellenos de almendra crujiente y perfumada. Gloriosos bísquets de mantequilla que, bien doraditos, se desmoronan con placer en la boca. Roles de canela amplios y jugosos, chorreados con una capa de nieve glaseada, siempre me dan ganas de deshacer el caracol de su cuerpo, tan misterioso y que puede llevar caramelo, Nutella, queso crema con guayaba, según se te ocurra.

Una tarta de pera y almendra, veraniega y elegante o la de manzana, canelosa y reconfortante. Morenos brownies chocolatosos hasta el infinito; son un golpe de alegría pura que hay que pasar con leche fría para resistirlo.

Croissants, esos cuernitos de la luna rellenos de queso y mermelada, o de crema de limón, de Oreo o cubiertos de chocolate, son un cielo.

Pastelito de zanahoria con sus tropiezos de nuez, su calorcito de canela, su toque de vainilla… es uno de los encantos que se guardan para cucharear la tardecita en este café que mira al parque o en la vieja casona del Centro. 

Corazón de Pan es familiar en el sentido de lo conocido, lo propio, lo que de alguna manera especial sentimos que nos pertenece. Punto de encuentro para amigos y familia en el desayuno; café vigoroso para los madrugadores que salieron a correr o a pasear al perro que también cabe aquí, pues como compañeros que son de nuestros días, son invitados a pasar, refrescarse y pescar las miguitas que se caigan de la mesa. 

Refugio y abrigo para las confidencias, inspiración para arreglar el mundo a punta de paninis, bocadillos, o sandwichitos con qué llenar el cuerpo de energía y cosa rica. Tés, infusiones y café en todas sus personalidades. Hay aquí un espacio para dejarse mimar, reponer fuerzas, para parar un momento y contarnos unos a otros, o para oírnos a nosotros mismos sin que nos apriete el tiempo.

Un espacio para respirar y compartir la felicidad sencilla de quien tiene un suave corazón de pan.