A las grandes urbes se les conoce como selva de concreto por grises, de vida acelerada y con cierto grado de peligrosidad; pero, como en todo, depende de cómo se mire, pues también son ciudades industriales con crecimiento constante.
Y León justo se ha convertido en una metrópoli que ha acogido múltiples industrias: desde la tradicional del cuero y el calzado —que tanto le representa— hasta la de alimentos, la restaurantera, de negocios y muchas más.
En casi todas hay una paleta de colores en común: tonalidades neutras. En el cuero y el calzado predominan los colores café y ocre, además del negro de centanares o miles de pares de zapatos que se han convertido en una prenda clásica que toda persona debe tener en su guardarropa.
En las fábricas, el color que sobresale es el gris. Ya sea en las paredes, en las enormes maquinarias o en las herramientas más pequeñas. Además, lo encontramos en una gama más oscura en los kilómetros de carpeta asfáltica que atraviesan los más de mil 200 km2 que conforman León.
En tanto, blanco sí o sí está en las clínicas y hospitales, mientras que en muchos residenciales se opta por este color —ya sea en la zona norte, sur, este u oeste— para unificar las casas que conforman los fraccionamientos.
Tú, ¿en dónde más los has visto?

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