INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

Reflexiones en torno a los jugueteros artesanales guanajuatenses

En Guanajuato existe una tradición extensa e interesante en cuanto a la fabricación artesanal de juguetes.
/assets/images/placeholder.png
Víctor Hermosillo
Lo mágico, lo fantástico y lo maravilloso está siempre a punto de suceder en México; y uno solo dice: Pues sí. Augusto Monterroso

Gracias a la invención y a la memoria, el arte y las artes aplicadas transcurren en una sucesión infinita de vidas, muertes y resurrecciones. La artesanía —derivación de las artes aplicadas— es una de las manifestaciones más evidentes de tales ciclos de muerte y resurrección, así como también es portadora de los fenómenos más visibles que dan cuenta de la diversidad cultural de una sociedad: en ella se reflejan creatividad, cultura, ideología y patrimonio. A lo largo del devenir de los tiempos, los artesanos que han trabajado en México, junto con su pensamiento, su obra, memoria y legado representan un sector socio-cultural de innegable importancia para el patrimonio material e inmaterial de México.

El juguete como artesanía, aunque en apariencia simple, es un objeto que registra y da cuenta de los signos de los tiempos de determinada sociedad en un momento dado de la historia; de la misma manera, es evidencia de una particular forma de ser y pensar en el mundo. La producción del juguete popular en nuestro país ha sido históricamente vigorosa; sin embargo ha habido pocos esfuerzos y logros notables en relación a su reconocimiento, puesta en valor y salvaguarda del diseño y la fabricación de juguetes populares como patrimonio cultural inmaterial. La globalización y otros procesos sociales y económicos surgidos recientemente han desplazado (aunque no necesariamente desaparecido) al juguete popular, especialmente en las grandes ciudades, invisibilizándolo cada vez más.

El estado de Guanajuato, desde tiempos pasados, se ha distinguido por su gran variedad en la producción artesanal popular, aunque pocas veces fuera de sus límites se le identifica con su lugar de origen. Por años ha sido importante fuente abastecedora a nivel nacional, de juguetería popular de una gran creatividad, para cuya confección son usados por regla general, materiales deleznables o de reúso. El juguete guanajuatense ha sido un objeto representativo en la historia de la plástica popular mexicana. En la región del Bajío la producción de estos objetos ha sido abundante y su distribución llega a casi todos los estados de la República. Silao, Irapuato, Celaya, León, Juventino Rosas y Guanajuato capital, son los centros fabricantes más grandes, pero los juguetes se elaboran también en más poblaciones y aun en rancherías pequeñas. Municipios como San Miguel de Allende, Juventino Rosas, Cortazar, Irapuato y Guanajuato, destacan por su producción en cartón especialmente la manufactura de los ‘Judas’ para la semana de Cuaresma, otros municipios aledaños conocidos por su dominio en la técnica de la cartonería son Silao y Pénjamo. Los juguetes de pasta de cartón están formados por capas sucesivas de papel —ya sea periódico, papel revolución, cartón— o bien de pasta de cartón, usándose para su construcción moldes de barro cocido o yeso para poder elaborar muñecas, máscaras, payasos, figuras de charros, animales como gatos, perros, réplicas de instrumentos como guitarras, sonajas, marimbas, etc. La segunda parte es la decorativa. Generalmente el mismo escultor es el mismo pintor que da acabado a las piezas, siendo la decoración casi siempre libre y espontánea, ahí radica la gracia de estos juguetes. El pintor siente la libertad en su interior y se da licencia artística para facilitar soluciones estéticas diferentes según la pieza que tenga en turno. Ninguna línea es ociosa, toda línea sirve.

Es la cultura popular ese fluido territorio en el que el número de conexiones y creaciones cotidianas son innumerables e interminables. Es innegable el ingenio del pueblo al fabricar juguetes. La originalidad, el sentido de libertad, el lirismo empleado y la capacidad de improvisación, aunados al conocimiento profundo de la vida y pensamiento de la comunidad y del territorio que se comparte, hacen del juguete guanajuatense un fenómeno que permanece presente en la vida cotidiana de algunos sectores sociales de la población en México.

El juguete guanajuatense, elaborado por el esfuerzo y la creatividad de integrantes de los sectores subalternos y marginados, es una expresión cultural que es digna de ser reconocida, mantenida y proyectada hacia el futuro. A partir de esta consigna, hace un par de años nos dimos a la tarea de listar algunos de los agentes culturales que han sido depositarios del legado del saber-hacer juguetes tradicionales en Guanajuato, especialmente aquellos que se han comprometido con el oficio a lo largo de su vida. Se detectó en lo particular a Don Gumersindo España Olivares (mejor conocido como ‘Sshinda’) artesano juguetero de tercera generación originario de Santa Cruz de Juventino Rosas; a quien seleccioné para trabajar en conjunto debido al intenso vínculo existente entre el artesano y su contexto geográfico y sociocultural.

 ‘Sshinda’: Un cuentacuentos juguetero

Conocí a Don Gumersindo España Olivares en la primavera de 2009. Entablamos contacto con él para plantear un proyecto de investigación para mis estudios de posgrado. Se consideró que esta investigación estaría justificada buscando que el legado material, simbólico e histórico creado por una generación de jugueteros pudiera acaso “extenderse, modificarse, transformarse” y sirviera como plataforma para la creación de nuevos objetos lúdicos y le posibilite al fenómeno de la juguetería popular pervivir a lo largo del tiempo, adoptando nuevos ademanes, configuraciones e incluso resignificándose. Conocer el espíritu creativo del artista, así como el desenvolvimiento de su creatividad, fueron los dos motores principales que impulsaron la labor de investigación, explorar sus actos intuitivos de creación, entender sus motivaciones, el universo de sus imaginarios, sus impulsos exploratorios, analizar y deconstruir las representaciones simbólicas construidas y sobre todo entender los discursos que el trabajo del artesano en su obra material evidencia; todo ello con el propósito de que a partir del estudio, análisis e interpretación de los procesos creativos del artesano popular Gumersindo España Olivares —Sshinda— ofrece un modelo para la comprensión del oficio de la juguetería popular mexicana y a partir de ello, derivar una serie de recomendaciones y sugerencias para en la actualidad diseñar juguete popular de manera que lo creado sirve como vehículo para extender la memoria histórica y creativa de los pueblos subalternos del país.

Los aspectos estéticos de la cultura de este juguetero devienen de su cuna, de su entorno, de su contexto inmediato, su barrio es su universo, su morada-taller es su nación, los sueños y el mito su materia prima de trabajo. Este artista popular es poseedor de un pensamiento que en la magia se apoya para operar, es un artífice que confía en el poder y la fuerza de sus sueños, recurriendo sin prejuicios con frecuencia a dicho mundo a ese universo invisible pero visible en sus obras. Sus acuerdos estilísticos están apoyados en el mundo de la fantasía —como la más libre de las facultades cognitivas— y su fuerza expresiva radica en las visiones que estos mundos producen. Acaso dichos acuerdos incomprensibles, contradictorios, paradójicos, en últimas expresiones creativas válidas y valiosas y que conmueven a quien los observa e interioriza.

Lo valioso del juguete popular es que posee ciertas particularidades que lo vinculan directamente con el contexto sociocultural al que pertenece, forma parte de la identidad local y por ende, esos juguetes son un espejo en donde se refleja la tradición familiar de una comunidad específica, tal es el caso de la familia España Olivares, la cual en muchos de sus juguetes creados recrean las historias, leyendas y la vida cotidiana de Santa Cruz de Juventino Rosas. Las leyendas de su población constituyen la veta principal a donde Sshinda acude para la inspiración que le da pie para la creación de sus juguetes. En Juventino existe una marcada tendencia a contar historias llenas de misterio y miedo, en el imaginario colectivo están muy presentes las brujas, los nahuales, ánimas aparecidas, demonios y muertos que actúan en lugares como casas, cementerios, cuevas, llanuras, praderas y cerros. Sus juguetes, de manera particular, dan cuenta de una cosmovisión y un contexto que le pertenece, todas sus piezas están apoyadas en la tradición de la narración oral, cuentos, leyendas, mitos; toda la palabra heredada de las historias de sus antepasados y ancestros.

 Como resultado de dicha investigación se realizó una colección de juguetes la cual se tituló Dando Vueltas Juntos, inspirados en las líneas y temáticas de don Sshinda, con criterios que le permitieran al juguete ser reproducido de manera más serial; una suerte de mezcla entre el arte popular y el diseño de producto. También se diseñaron una serie de talleres para diseñar juguetes populares a partir de las observaciones y resultados de trabajar y conocer el trabajo de don Sshinda. Dichos talleres están estructurados de tal manera que el participante pueda conocer algunas tipologías de juguetes populares mexicanos, se familiarice con ellas, las deconstruya y pueda proponer y diseñar un nuevo juguete a partir de su interpretación del fenómeno. Se han aplicado en diferentes puntos del territorio nacional en universidades, centros culturales, galerías de arte, teniendo un perfil muy amplio como público asistente, desde amas de casa hasta obreros de fábricas.

En febrero de 2019, se planteó un protocolo curatorial para realizar una muestra del trabajo de Sshinda en el Museo de Arte e Historia del Forum Cultural Guanajuato. La muestra se planteó para visibilizar la trayectoria y el legado del maestro artesano y su relevancia dentro de la producción de juguetes a nivel no solo estatal, sino nacional. Se plantearon tres núcleos temáticos dentro de la muestra: 

1)      El juguete popular en Guanajuato

2)      Vida y obra de don Gumersindo España Olivares

3)      Legado y el futuro del juguete popular en Guanajuato: ¿Y ahora quiénes haremos los juguetes?

 

El objetivo de la muestra pretende situar al visitante dentro del universo creativo de este artesano, para entender las motivaciones estéticas y técnicas que animan al extraordinario trabajo de este destacado creador de juguetes tradicionales. Dentro del planteamiento curatorial se solicitó a préstamo parte de la colección del Dr. Gabriel Medrano Luna, se recurrió a una selección de piezas efectuadas dentro de los talleres anteriormente mencionados, se desplegó la colección de juguetes.

Dando Vueltas Juntos y, por último, una selección de juguetes realizados por sus hijos y por artistas que tuvieron una influencia directa de don Gumersindo. 

La exposición fue inaugurada el 22 de febrero de 2018. Lamentablemente, don Gumersindo falleció cuatro días antes de la apertura. Fue un golpe duro y sin duda muy desconcertante, ya que la gestión se inició en diciembre de 2017, se le solicitó a don Sshinda su autorización y él se encontraba sumamente entusiasmado por el acontecimiento.

“Los jugueteros se nos están muriendo”, afirmó la antropóloga Marta Turok quien dio una charla en el Museo de Arte e Historia de Guanajuato, MAHG, en el marco de clausura de la exposición; “tenemos que desplegar mecanismos eficientes de salvaguarda para la práctica de la juguetería tradicional”, señalaba con autoridad.

Los jugueteros se nos están yendo, al menos los de Guanajuato. Las generaciones emergentes dan visos de que no quieren asumirse como depositarios y no tienen gran interés por buscar mantener la tradición. El gran desafío ante esta realidad es lograr que la tradición de la fabricación de juguetes artesanales se mantenga con vigencia en el estado y, especialmente, asegurar su permanencia y evolución en un futuro inmediato.

 Conclusiones

¿Podemos contemplar la fabricación de juguetes artesanales en Guanajuato como patrimonio cultural inmaterial?, ¿desde dónde gestionar el patrimonio?, ¿tiene que ser solo una responsabilidad institucional o es necesariamente un deber ciudadano que trascienda los ámbitos de la administración pública?

La gestión eficaz del patrimonio cultural requiere sin duda de mayor conciencia y participación ciudadana. La importancia del compromiso social de la ciudadanía con el reconocimiento de su patrimonio cultural es fundamental. Ya no se trata de poner la gestión del patrimonio únicamente en manos del Estado. El ciudadano ha de buscar y, en cierto nivel, comprometerse a efectuar prácticas de divulgación, salvaguarda y disfrute de lo que le ha sido heredado, de lo que le ha sido legado; de manera que con ello pueda aquilatar en realidad la dimensión social del patrimonio cultural y, en paralelo, trabajar en territorios comunitarios desarrollando e implementando estrategias para que las comunidades se sensibilicen en torno al reconocimiento, salvaguarda y puesta en valor de la práctica de construcción de juguetes artesanales. Imaginar y delinear estrategias para que las comunidades se sensibilicen alrededor del reconocimiento, salvaguarda y puesta en valor de la práctica de construcción de juguetes artesanales.

Por último y no menos importante, la función de los museos no únicamente como contenedores inertes del patrimonio, sino como cajas de resonancia que logren dinamizar, visibilizar y poner en valor el patrimonio cultural de las localidades, induciendo al espectador en un proceso de reflexión sobre sí mismo, su identidad, su contexto y especialmente su pasado, es decir, los legados recibidos y las maneras de recrearlos de las mejores y más diversas formas posibles.