INSTITUTO CULTURAL DE LEÓN

¡Salud, por un nuevo año!

Siempre brindamos por los buenos momentos. Conoce más acerca de esta forma de celebrar nuestros logros.
Que los años empiecen y acaben con un cristalino tintineo en todo el mundo según va rotando el planeta, no es ninguna coincidencia. Brindar es ofrecer, como los toreros, el toro que nos va a tocar lidiar este año, a quien más lo merezca. Nos espera una faena, así que saludemos con gracia y, sacando el pecho, pongamos manos a la obra.

El brindis es un ritual muy viejo, solemos hacerlo cuando estamos celebrando grandes cosas, como una boda, un bautizo, una graduación, un buen negocio, Navidad, el final de un año, el comienzo del siguiente. Brindamos por cosas pequeñas y cotidianas, pero no por ello menos importantes, como el milagro de estar juntos este día, la bondad de una buena comida, la riqueza infinita de tener una familia; brindamos por los amigos que ya se fueron y por los que nos acompañan, por el ciclo que se completa con cada cumpleaños o, simple y sencillamente, lo hacemos para desear que lo que comemos y bebemos nos haga provechito, que no es poca cosa.

El brindis, al contrario del deseo secreto de las velitas del pastel de cumpleaños, es público. Se expresa un buen deseo en voz alta para que entre todos le inyectemos la fuerza que necesita para cumplirse; chocamos nuestras copas y decimos ¡Salud!, porque con ella todo y sin ella nada.

Se puede brindar con cualquier cosa, aunque para darle forma de ritual que señala la excepcionalidad del acontecimiento que se celebra, lo común en todo el mundo es hacerlo con bebidas alcohólicas que nos achispen y, si son espumosas, mucho mejor, porque es muy difícil no ceder a la cosquilla alegre de las burbujas para desear lo mejor con toda buena voluntad.

Según los que saben, es muy mala suerte brindar con una copa vacía o no chocar nuestra copa con absolutamente todos los que están en nuestra mesa, es mala ventura también si brindamos, pero no tomamos por lo menos un traguito del líquido en cuestión y es pésima suerte no corear el ¡Salud! y/o quedarse callado con cara de palo.

En Perú y en Chile, por ejemplo, se suele brindar con cerveza, que es la bebida popular por excelencia, o, si la ocasión es más ceremonial, con pisco andino, aguardiente de uva fuerte y amigable que se mezcla con jarabe de azúcar, jugo de limón y clara de huevo batida para hacer el famoso pisco sour: fresco, espumoso, divertido.

En Brasil, además de la cerveza, está muy bien brindar con una caipirinha, hecha con cachaza, esa aguardiente creada con la espuma que flota al hervir el jugo de la caña cuando está en proceso para hacerse azúcar.

En México podemos usar un sinfín de cocteles para desearnos buenas cosas, como las margaritas o palomas; también los mezcales y los tequilas derechitos hacen su magia.

Para brindar bien y con estilo hay que tener en cuenta las tres partes principales de este ritual.

Lo primero es el acto verbal, en el que uno de los participantes indica una razón para el brindis. Puede ir desde un simple “¡salud!”, a un buen augurio o a un acuerdo de negocios, pero también se puede acompañar de una anécdota. A continuación, los presentes alzan sus copas al aire con palabras de aprobación hacia el propio brindis y las golpean suavemente con el resto de las personas a su alcance. Por último, se confirma el deseo de forma colectiva con el trago. Dependiendo de la cultura y del licor con el que brindemos, este puede ser un pequeño sorbo, como en el caso del vino, o un trago que termine con el contenido del recipiente, como con el vodka1.

En casi todo el mundo, el protocolo que se suele respetar en un brindis es muy sencillo:

  1. El primer brindis lo debe hacer el anfitrión y los invitados se levantarán cuando se haga en honor a alguno de ellos.
    
  2. La persona o personas que reciben el brindis deben permanecer sentados y levantarán su copa para recibir este honor.
    
  3. Cuando un invitado de honor ha recibido un brindis, se levanta al terminar éste y agradece a quien lo haya hecho.
    
  4. Al momento de chocar las copas debemos mirarnos a los ojos para demostrar confianza y cercanía, y después de chocar las copas, todos los invitados vuelven a tomar asiento.

En una boda, el primer brindis lo realiza tradicionalmente el padrino, aunque también puede hacerlo algún otro familiar o amigo cercano, y suele tener lugar entre el corte del pastel y el inicio del baile, para marcar así, el final del banquete y el inicio de la fiesta.

Aunque cada uno puede brindar con lo que más le guste con tal de que quepa en su copa, no cabe duda de que las cosquillas de los vinos espumosos son una cosa feliz. Las burbujas son la alegría de su espíritu, y por ello estos vinitos suelen ser los elegidos para las ocasiones más importantes de la vida.

Si hubiera una jerarquía entre ellos, que de hecho la hay, yo comenzaría con poner en primer lugar a la gran dama, la famosa champaña, que es un vino vivaz, seductor y jovial. Con ella celebraban su coronación los reyes de Francia, y desde entonces se le considera el vino más elegante y fino del mundo; pero no es el único espumoso noble, en España se produce el cava y en Italia está el prosecco, ambos deliciosos ya sean secos, semisecos o dulces, blancos o rosados, son igualmente finos y celebradores.

En los países de habla inglesa se llenan las copas con sparkling wines de diversa procedencia y para los más jóvenes de la casa, una copita de sidra de manzana puede ser lo mejor de la noche, y su asociación con la felicidad de una fiesta especial quedará grabada en sus memorias por mucho tiempo.

Así pues, que empiece el año con amor, salud y dinero, y que tengamos alegría y energía para vivirlo a tope. ¡Salud!


Referencias

1 Bodegas Faustino Rivero Ulecia. Diciembre 2022.