Si bien el término maximalismo comenzó a usarse en teorías de la moda y el diseño en el siglo XX, sus características datan de siglos atrás y están visibles tan sólo en los vestidos, la ornamentación, los trajes, las pelucas y la decoración de los hogares de la «alta sociedad» de la época del Barroco. Olanes, moños, brillos, tejidos y texturas por todos lados.
Desde entonces, la frase «más es más» ha estado presente en las calles, eventos sociales y vida cotidiana, aunque en tiempos modernos simboliza más una rebelión contra las masas controladas por el capitalismo. Es decir, al nacimiento y auge de marcas minimalistas como Calvin Klein, Jil Sander o Dior —que simplificaron el diseño pero no siguieron el ideal de consumir menos para vivir mejor—; también surgieron quienes se opusieron a las siluetas estilizadas y conjuntos monocromáticos, aunque estos fueran el símbolo de un alto estatus social o se consideraran el único sinónimo de elegancia y buen gusto.
Personas como Elsa Schiaparelli (Italia), Iris Apfel (Estados Unidos), Gianni Versace (Italia), Christian Lacroix (Francia), Vivienne Westwood (Inglaterra), John Galliano (España), Alessandro Michele (Italia) o Pierre Cardin (Italia-Francia) pusieron en los grandes escaparates occidentales prendas de alta costura que contradicen el discurso de que «menos es más (y mejor)». Sus propuestas se volvieron huella de sus estilos y personalidades, así como representación de identidades de subculturas que las consumen.
Después de estudiar una extensa bibliografía de filósofos e investigadores como Bourdieu, Lipovetsky, Barthes y Baudrillard, Camilo Retana, en su ensayo, Sociología de la moda dice que:
“La moda genera subjetividades tanto a partir de las disrupciones como de las adhesiones a las normas vestimentarias. Las "señales identitarias", sin embargo, no surgen exclusivamente de dinámicas imitativas/distintivas verticales como las que tuvieron lugar entre la burguesía y la aristocracia durante el Renacimiento, sino que también emergen a partir de relaciones de carácter horizontal, como en el caso de las subculturas del siglo XX. En uno y otro caso, no obstante, la moda genera identidades”.1
Es decir, aunque Miranda Priestly nos haya hecho pensar que la industria de la moda nos maneja por completo, orillándonos a usar solo que está seleccionado por un ente superior en esta cadena, la realidad es que siempre tenemos opciones, si no de comprar lo que queremos por costos, disponibilidad o necesidad, sí de definir el cómo lo usamos. Toda prenda cuenta una historia y al poner una sobre otra en un outfit, hacemos una declaración personal de identidad individual y cultural. Aquí es donde entra el maximalismo.
Esta tendencia se destaca por la exuberancia y excentricismo de una o varias piezas. Y éstas pueden no ser nuevas ni de colección, ya que, aunque existen diseñadores que trabajan particularmente este estilo, también pueden salir prendas de la paca, del closet de la abuela o de una tienda de básicos, que complementen tu atuendo. Y si no encuentras algo que refleje quien eres o lo que quieres expresar, siempre puedes aplicar el DIY (hacerlo tú mismo).
El maximalismo es una corriente que abre esa posibilidad de hacer o manipular las prendas para impregnarlas de un estilo personal sin timidez. Cortarlas, teñirlas, ampliarlas, parcharlas o remendarlas de manera notoria.
Un ejemplo de esto son algunas subculturas como el punk y todos sus derivados que, aunque suele tener una paleta de colores limitada —negro, blanco y rojo—, cuenta con detalles vibrantes, varias capas y texturas; también podemos ejemplificar con el reciente movimiento llamado kidcore, moda que se caracteriza por el uso de colores primarios, estampados grandes, ropa holgada y muchos accesorios. Veamos también algunas corrientes de la J Fashion como las Lolitas que, aunque su origen y significado es debatible entre comunidades feministas, sus vestidos saturados de encajes, volantes, lazos, tul y cintas son imposibles de ignorar.
Y, aunque todo lo mencionado anteriormente son ejemplos internacionales o tendencias globales, en México desbordamos maximalismo desde tiempos inmemoriales, pero empecemos por los más famosos antes de irnos hasta la raíz.
En la década de los 90, una mujer decidió tomar como referencia el estilismo de ese entonces (telas metálicas, brillos, transparencias, donas como pulseras y maquillaje recargado y colorido) para transformarlo en un disfraz infantil que se volvería su marca personal y comercial a lo largo de décadas al nombrarse como La reina de los niños; por supuesto me refiero a Tatiana Palacios Chapa. Su ‘reino’ fue transmitido por televisión nacional durante años y éste fue adoptado por miles de niñas con naturalidad.
También en el lado mexicano que parecería estar más despegado de la moda y la importancia de la imagen, existen íconos del maximalismo. O sea, entre la comunidad que hoy llamamos fifas, el acapulqueño Jorge Campos llevó los atardeceres del Océano Pacífico a sus uniformes diseñados con figuras geométricas de colores cálidos y fluorescentes, siempre en cortes anchos y siluetas amplias.
¡Y qué decir de Juan Gabriel!, sus trajes no le quedaban bien a cualquiera y me refiero al porte. Estos se caracterizaban por sus estrafalarios bordados, colgantes, texturas y colores tan llamativos, tan mexicanos y tan suyos que no solo lo volvían un imán de miradas en el escenario, también su originalidad los han vuelto piezas de galerías y exhibiciones.
Continuemos más atrás en la historia y recordemos el icónico collar Cartier de María Félix con dos cocodrilos entrelazos por la cola, hechos de oro y miles de cristales2, una pieza inigualable que combinaba con aretes de gran tamaños, pulseras de serpientes, blazers bordados, sombreros con toquillas vistosas. Ella no escatimaba en accesorios ni en derroche de estilo.
Y sin bien La Doña robó miradas en México y el extranjero, antes de ella el mundo conoció a Frida Kahlo. Cabello trenzado con listones y/o flores, tehuanas bordadas de hombros a piernas, rebozos hechos a mano, aretes, anillos y collares contrastantes. ¿De quién vestía esta mujer que sigue inspirando a artistas y diseñadores décadas después? Frida sostenía su imagen pública de vestimentas y accesorios de las culturas mexicanas precolombinas, es decir trajes típicos zapotecas y accesorios mexicas, por ejemplo.
Es decir, en México el maximalismo siempre ha estado ahí. En la riqueza textil de los pueblos oaxaqueños, los bordados otomíes, en los trajes rarámuris, en los huanengos y zagalejos purépechas, por mencionar pocos ejemplos.
Si mezclamos toda inspiración histórica con modas globales contemporáneas obtenemos nuevos estilos como lo que recientemente llamamos méximalismo —nombrado así por Dixy Rodríguez— que buscan dejar de criticar y, por el contrario, enaltecer la exuberancia cotidiana que está en los delantales con estampados de flores que usan las cocineras en los mercados, los huaraches tejidos que se venden en los tianguis o la ropa de segunda mano que compramos recién bajada de un camión proveniente de Estados Unidos.
No existe un manual de cómo ser maximalista, éste lo marca tu propia identidad, pero la única regla para que un outfit de este estilo funcione es la armonía entre las piezas para que ninguna opaque a la otra, porque recuerda, cada una cuenta su propia historia.
Referencias
- Retana, C. (s. f.). Sociología de la moda. https://www.scielo.org.mx/scie... 0007
- Manu Castillo (2023, marzo 6). Maria Felix y sus joyas son un hito en la moda mexicana [Reel]. Instagram. https://www.instagram.com/reel/CpBf7dbpjCn/
Milano, F. (2022, 11 de octubre). Frida Kahlo in mostra a Milano: la moda dell'artista messicana in esposizione al Mudec. Elle Italia. https://www.elle.com/it/moda/ultime-notizie/a41414013/mostra-moda-frida-kahlo/