Pero hace un año, aquella Ciudad del Refugio que encontró paz y tranquilidad tras la lucha de Independencia, se convirtió en escenario de incendios, bloqueos y balaceras.
El 11 de agosto de 2022 encontré silencios y miradas perdidas al llegar a la oficina. Preparé la primera taza de café y comencé a revisar la lista de pendientes. Un correo electrónico cayó en la bandeja de entrada con el asunto: Aviso Importante. Adopté el silencio y la mirada perdida. Los accesos de la empresa quedarían cerrados a las dos de la tarde ante los disturbios provocados en el Estado de Guanajuato.
En ese instante recordé el inicio de la guerra en Ucrania. Mi cara de incredulidad ante el streaming de los medios de comunicación vía YouTube por el éxodo de las familias ucranianas tras la invasión rusa. Filas de automóviles escapando en tiempo real ante el mayor ataque militar en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial.
Yo no escaparía de Kiev, Mariúpol, Járkov o Donetsk. Pero las explosiones y disparos cimbran los corazones y provocan terror en cualquier rincón del mundo. Revisé los titulares con el afán de tener una mejor comprensión de lo sucedido: Infierno en Guanajuato, Quema de comercios y autos, El país duerme en llamas, Noche de terror y violencia.
A la 1:40 de la tarde, salimos de las oficinas y abordamos los vehículos. Una serpiente metálica creció desde el estacionamiento de la empresa hasta el Blvd. Juan Alonso de Torres. Nuestro propio éxodo en vivo y a todo color para refugiarnos al interior de los hogares. Para mi sorpresa, no todos iban a casa.
Una señora furiosa reclamaba las manchas que dejaron en su camioneta los del autolavado. En la taquería de la esquina, los comensales ponían salsa y limón a los tacos. A lo lejos, un señor recogía cartón con la esperanza de vender algo para poder cenar. En los restaurantes de lujo, los meseros y valet parking se tronaban los dedos para que las familias salieran de casa y olvidarán lo dicho en los noticieros.
Como si estuviera escrito en el guión, un joven se acercó para limpiar el parabrisas y cuestionar mi visión de la realidad. ¿Y si todo era mentira?
En aquellos días, preparatorias y universidades suspendieron clases. El aeropuerto suspendió vuelos. Primera Plus canceló viajes. Estados Unidos pidió reconsiderar los viajes a Guanajuato ante la violencia. Los incendios provocados en tiendas OXXO, Farmacias Guadalajara y vehículos particulares lograron desestabilizar el orden en los municipios del Corredor Industrial.
Ahora, frente a la pantalla del celular observo con desprecio la violencia que se ha instalado en la región y recuerdo con añoranza los días cuando nada pasaba en León.