Y es que una tacita de este brebaje no se le niega a nadie en todo el Commonwealth, en donde siempre que quieran entrar en confianza te ofrecerán una con el modismo «Fancy a cuppa?» o sea, «¿se te antoja una taza?», obvio, siempre té negro con un chorrito de leche, sino sería inaceptable. Si no harías algo «ni por todo el oro del mundo», tu versión inglesa sería «no lo haría ni por todo el té de China», y cuando algo es inservible o inviable, sería como una tetera hecha de chocolate… total charco derretido; pero si alguien hace una ‘tormenta en un vaso de agua’, en el Reino Unido la tempestad sería en una taza de té o si un reto fue demasiado fácil, entonces fue una «tea party» (fiesta de té).
El ritual del té, elevado al arte en la Inglaterra victoriana, es mucho más que el consumo de una bebida, tal como en Japón o en China es la veneración de una pausa ritualizada o un acto social; aunque hubo una vez en que una fiesta de té fue un llamado a la rebeldía. La Boston tea party (fiesta del té de Boston) convirtió este brebaje en símbolo de resistencia y libertad para las 13 colonias americanas que iniciaron su camino a la independencia “cuando el 16 de diciembre de 1773, un grupo de colonos, disfrazados de nativos americanos, abordó barcos en el puerto de Boston y arrojó al agua el té que transportaban en protesta contra los impuestos británicos y la monopolización del comercio del té por parte de la Compañía de las Indias Orientales”1.
Por otro lado, Lewis Carroll llevó este símbolo a Alicia en el país de las maravillas, donde el té y la locura se entrelazan alrededor de la mesa del Sombrerero, en la que el tiempo se detiene y la lógica se desdibuja, invitando a una relectura donde la bebida representa tanto la tradición británica como una ruptura con la realidad cotidiana. El sombrerero explica a Alicia que ha quedado atrapado en una eterna fiesta de té por una maldición de la reina de Corazones. Le dice, su osadía fue intentar matar el tiempo, de ahí que se le condenara a vivir eternamente en las 6 de la tarde.
Pero, para preparar una buena taza de té, seguiría el consejo de un inglés de espíritu libertario que escribió los más duros textos contra el totalitarismo que se vivió en su tiempo. Brillante y adivinador de futuros que parecían ficción, George Orwell tomaba té. Y lo hacía en serio.
Una buena taza de té es su ensayo publicado en el London Evening Standard el 12 de enero de 1946, un año inmediato al final de la Segunda Guerra Mundia, cuando se vivía racionamiento y escasez. A continuación, lo presento íntegro porque me parece una joya.
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Una buena taza de té
Si buscas ‘té’ en el primer libro de cocina que cae en tus manos, seguramente no lo encontrarás; o a lo máximo hallarás un par de líneas con unas escuetas instrucciones que no contienen los puntos más importantes.
Hecho curioso, no sólo porque el té es uno de los productos más importantes de la civilización de este país, de Irlanda, Australia y Nueva Zelanda, sino porque su método de preparación es motivo de las más violentas disputas.
Cuando leo mis propias instrucciones para la taza perfecta de té, encuentro un mínimo de once puntos importantes. Dos de ellos son ampliamente aceptados, pero al menos cuatro son altamente controvertidos.
He aquí mis propios once puntos, considerados por mí como reglas de oro:
Primero: Uno debería utilizar té de la India o de Ceilán. El té chino tiene sus virtudes que hoy en día no deben ser despreciadas —es barato y se puede beber sin leche— pero no es muy estimulante. Uno no se siente más sabio, más valiente o más optimista después de beber té chino. Cualquiera que haya usado la frase "una buena taza de té" sabe que se refiere invariablemente al té de la India.
Segundo: El té debe prepararse en pequeñas cantidades, es decir, en una tetera. Un té preparado fuera de una urna siempre es insípido, que como el té del ejército, que se prepara en grandes cacerolas, sabe a grasa y detergente. La tetera debería estar hecha de porcelana china o barro cocido. Las teteras de plata o de porcelana británica producen un té de inferior calidad y otras teteras aún son peor. Sin embargo, las teteras de estaño no están tan mal.
Tercero: La tetera debe calentarse previamente. Es mejor hacerlo sobre una estufa de leña que llenándola de agua caliente.
Cuarto: El té debería ser fuerte. Para una tetera de un cuarto de galón (1.1L aprox.) y si quieres llenarla hasta el borde, seis cucharadas de té deberían ser suficientes. En tiempos de racionamiento, esto no se puede hacer cada día de la semana, pero yo mantengo que una taza de té fuerte vale más que veinte tazas de té débil. Todos los amantes del té no sólo lo quieren fuerte, sino que cada año lo preparan más potente —un hecho que se reconoce con una ración extra para los jubilados—.
Quinto: El té debe colocarse directamente en la tetera. No utilices tamices, bolsas de tela u otros artefactos que aprisionan el té. En algunos países, el té se coloca en unas cestas colgantes para retener las hojas del té, que se supone son venenosas. En realidad, uno se puede tragar una considerable cantidad de hojas de té sin efectos secundarios. Si el té no está suelto dentro de la tetera, la infusión nunca es suficiente.
Sexto: Uno debe ir con la taza hasta la tetera, y no al revés. El agua debe hervir en el momento del impacto, lo cual significa que debe estar sobre el fuego un segundo antes de verterla en la tetera. Hay gente que afirma que sólo debería utilizarse agua recién hervida, pero yo personalmente no he notado diferencia alguna.
Séptimo: Hecho el té, uno debería removerlo o mejor mover la tetera y seguidamente dejar que las hojas se depositen en el fondo.
Octavo: Uno debería beberlo en una buena taza de desayuno, es decir, la típica taza cilíndrica alta y no la plana y poco honda. En la taza cilíndrica cabe más y el té no se enfría antes de llevarla a los labios, como ocurre con la taza ancha y baja.
Noveno: Uno debería retirar la crema de la leche antes de añadirla al té. La leche demasiado cremosa modifica el sabor del té.
Décimo: Uno debe verter primero el té en la taza. Este es el punto más controvertido; de hecho, en todas las familias británicas hay dos escuelas sobre el tema. La escuela de “la leche primero” puede tener algunos argumentos de peso, pero yo sigo opinando que mi argumento es irrefutable: al poner primero el té y removiéndolo mientras se vierte la leche, uno puede ajustar exactamente la cantidad de leche. En el caso inverso, uno podría haber puesto demasiada leche.
Y, por último: El té —excepto si se bebe al estilo ruso— debería beberse sin azúcar. Sé muy bien que en este punto formo parte de la minoría. Pero ¿cómo puede un amante del té destruir su sabor metiendo azúcar? También se podría meter sal o pimienta… El té debe ser amargo, como la cerveza. Si lo endulzas, ya no sientes su sabor. Podrías crear un brebaje similar simplemente añadiendo azúcar a una taza de agua caliente… Alguna gente te dirá que no les gusta el té en sí, que lo beben para calentarse o estimularse y que necesitan ponerle azúcar para eliminar el sabor del té. A esta gente equivocada, yo le digo: “intenta beber té sin azúcar durante un par de días y es muy improbable que no vuelvas nunca a estropearlo añadiendo azúcar”.
Estos no son los únicos puntos de la controversia sobre cómo beber té, pero son suficientes para mostrar lo sofisticado que se ha vuelto este tema.
También existe todo esta misteriosa etiqueta social que envuelve la taza de té (por ejemplo ¿Por qué se considera una vulgaridad beber el té del platito de la taza?) y existe mucho escrito sobre el uso secundario de las hojas de té, como por ejemplo leer el futuro, la predicción de una eminente visita inesperada, alimento para los conejos, curar quemaduras y limpiar la alfombra.
Vale la pena prestar atención a detalles tales como el calentamiento de la tetera y el uso de agua hirviendo, con el fin de asegurarse de obtener de su ración las veinte buenas y fuertes tazas que sus dos onzas (56 gramos), bien manejadas, deberían representar.
*Texto publicado por el diario Evening Standard el 12 de enero de 1946, traducido por Manel Franquesa, subsubdirector de La Veritat.
Referencias
1 Historia Simple. (s/f). Historiasimple.com. Recuperado el 25 de agosto de 2025, de https://www.historiasimple.com...
