Estamos hechos de historias, de la herencia de nuestros padres, de las tradiciones, de las historias de nuestro tiempo y nuestra tierra; si escuchamos con atención, esas historias nos encuentran con nuestro sentido de vida. Atenta, desde muy pequeña, María de los Ángeles Giles Morales escuchó cuál era su propósito de sus historias y así descubrió que ella viviría para contar.
Gelos Giles, como es conocida artísticamente, es originaria de Puebla y llegó a León en 1986, desde entonces ha hecho de esta ciudad, su hogar. Desde niña, Gelos sentía correr el arte por sus venas. La motivación y ese hambre insaciable por crear y narrar venía en sus genes.
“¿Al arte?, sí, por mi papá. Porque mi papá dibujaba muy bonito, él tenía mucha facilidad para eso… Y luego, mi mamá; a mi mamá le gusta mucho escribir, si hubiera tenido la oportunidad, yo creo que mi mamá hubiera sido una extraordinaria escritora. Tiene cosas escritas muy bonitas”. Nos platica Gelos desde su colorido comedor, lleno de recuerdos, de marionetas, de libros, de historias.
“Un Día de Reyes, en el árbol amaneció una caja de colores, de 24 colores, un cuaderno, un lápiz y una goma. Ese fue uno de los regalos más bonitos que me pudieron haber dado”.
Entre el dibujo, el juego y la imaginación, la lectura encontró un huequito en su cabeza; Gelos devoraba las historias que tuviera a su alcance: cuentos, poemas y leyendas.
“Había muy pocos libros en la casa de mi mamá, pero los pocos que yo tenía los aprovechaba mucho. Empezaba a leer y así me aprendí el poema de la niña negra (Romance de la niña negra) de Luis Cané (Argentina,1897-1957), es un poema de 1840 creo, por ahí, y habla sobre el racismo. Después me aprendí un poema de Rubén Darío (Nicaragua, 1867 -1916), de Margarita Debayle, sin querer me sabía muchos poemas”.
El tiempo pasó y mientras crecía, Gelos fue descubriendo otros dones y habilidades; además de apasionarse con las historias, encontró la facilidad para narrarlas, para reflejar toda la emoción y atrapar a su público. Poco a poco, fue compartiendo ese don.
“Mi mamá, cuando no tenía oportunidad de cuidar a su grupo, me decía, «eh Gelos, vente, cuida el grupo». Yo no sabía ni cómo entretener al grupo, pero me empiezo a interesar muchísimo por cuidar a los niños, y se me da fácil”.
Años después, Gelos se casó, dejó Puebla y llegó a León. Aquí comenzó a colaborar con una extensión de la Comunidad Cristiana Poblana. Ella se encargaba, junto con otras colaboradoras y hermanas de la comunidad, de contar historias bíblicas a las y los niños; ejercicio con el que fue practicando y perfeccionando el arte de narrar.
“Teníamos dos horas en las cuales hacíamos una gama de talleres: cantábamos, jugábamos, hacíamos cocina y comencé ahí con los títeres. Fui y compré dos globos, los empapelé, hice engrudo y luego me fui a la tienda y compré un pedazo de tela súper brillosa, hice dos muñequitos, le puse Anita a la niña y al niño le puse Cristóbal”.
A partir de ahí, fue escalando la trayectoria de Gelos en el mundo de la narración. Primero la invitaron a participar en un programa infantil llamado Para Peques y poco tiempo después, aparecería la Fenal y sus pasillos dispuestos a escuchar historias.
En la entonces llamada Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil, comenzaron a cambiar las temáticas de los cuentos a los que Gelos estaba acostumbrada. Sus títeres ya no solo contaban historias bíblicas, los temas se volvieron infinitos como la literatura misma, comenzó a conocer y rodearse de otros artistas, otros cuentacuentos, gestores, públicos, una comunidad cultural leonesa que emergía.
En esa época fue cuando la invitaron al Diplomado de Dramaturgia en el Teatro de Títeres, en Cuernavaca. Una oportunidad que cambiaría radicalmente el concepto que tenía del oficio de contar cuentos, ya fuera con la narración o la puesta en escena.
“Fue una de las experiencias más hermosas que me pudieron haber pasado, en referencia a escribir obras de teatro de títeres. Me di cuenta que no estaba tan perdida, pero sí muy prejuiciosa. Empecé a ser más abierta, a devorarme libros de títeres y guiones”.
Ahí conoció a maestros como Henry Yurcobsky y Penny Francis; ante sí, se abrió un mundo de talentosos titiriteros, dramaturgos, narradores, cuentacuentos, personajes que llevaban el arte del relato a un nivel profesional, el maestro Lago, Mireya Cueto, Nacho Cucaracho y muchos más.
“Yo estaba alucinada, fue el primer acercamiento y una sacudida de todo, de «ábrete y aprende», como cuando te dan el primer alimento en papilla, dices «ay, qué rico», pero cuando ya viene un bife con una botella de vino, dices «cómetelo todo, no dejes nada»”.
“Empiezo a ir a la biblioteca, empiezo a escuchar los esquemas de los escritores infantiles, y empiezo a escribir yo también. Empiezo a contar otras historias a mis hijas, empiezo a leer otra literatura, empiezo a cambiar bastante fuerte… Sin meter nada de cosas religiosas, dejo el adoctrinamiento y empiezo a escuchar a mi alrededor, a escuchar a la niñez para saber qué contarles”.
A partir de ese momento, la carrera artística de Gelos Giles cobró otro significado en cuanto al tipo de proyectos a montar, vinieron nuevas obras y nuevos cuentos, nació Arte-Xcuincle, viajó a otros festivales, ferias en otros estados, en otros países; el arte de la narración que estaba destinado para ella, se había convertido en su profesión.
Las historias eligen cómo deben ser narradas y quién las debe narrar, hay cuentos para contar con títeres, hay otros que necesitan otros formatos. Gelos nos cuenta que en este arte se debe fluir con las historias, nos dice que esto de narrar es algo innato, algo que viene de otras vidas, que te acompaña desde que naces.
“Hay gente muy forzada en el asunto del arte, queriendo hacer esto, queriendo hacer lo otro, y no hay como haber nacido con esto, no hay como haber elegido lo que uno va a aportar durante toda su vida, ese ropaje y esa misión”.
Para Gelos, esa misión siempre estuvo muy clara en su mente, desde pequeña cuando sus padres le preguntaban a ella, a sus hermanos, a sus hermanas, ella siempre lo tuvo muy claro.
“Cuando decían «a ver, ¿tú qué vas a ser? Ah, pues yo voy a ser contador, no sé, yo voy a ser enfermera, yo voy a ser maestra». Y yo con mis cinco o seis añitos me levantaba y hasta se burlaban de mí diciendo «¿tú qué vas a ser? Cállense todos, miren la Gelos lo que va a decir». Muñequera, decía que yo quería ser muñequera”.
Más allá de los muñecos, de la magia de los títeres, Gelos vive entre historias, las que descubre y las que se cuenta.
“Todos los días me cuento historias. Primero, mi propia historia, mi propia historia es muy importante. Las escribo, las analizo, me critico, me acepto, me odio, me quiero, me animo. Buscarme dentro de mí mi propia historia y no olvidarla, no olvidar de dónde vengo”.
Gelos Giles está muy presente en la comunidad cultural leonesa. La puedes encontrar en los foros, en las ferias, enseñando a narrar cuentos a los próximos policías de León… Su labor convive día a día con la vida artística de esta ciudad. Puedes seguirla a ella y a su trabajo a través de las redes sociales de su proyecto: Arte-Xcuincle.